Timoty Oliphant en uno de sus frecuentes paseos sin sentido
junto a la bella modelo rusa Olga Kurylenko cuyas más
que insinuaciones él ni siquiera advierte.
«Hitman» (EE.UU., 2007, habl. en inglés). Dir.: X. Gens. Int.: T. Olyphant, D. Scott, O. Kurylenko, R. Knepper, U. Thomsen.
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"Hitman" es uno de esos auténticos bodrios infernales que en los tiempos del primer Luc Besson de «Subway» solía describirse como el thriller new wave eurosnob publicitario. Como el mercado se fue modificando, en la actualidad este tipo de engendros no pasan del directo a dvd (bajado de Internet , para qué engañarnos).
Pero gracias a la franquicia generada por el videogame que inspira el film, los espectadores argentinos podrán divertirse sanamente con las andanzas del asesino «47», un nerd ultraviolento que va de aquí para allá por paisajes y decorados rusosy turcos prolijamente fotografiados, con una bellísima rusita ligera de cascos, que se le desnuda en la cama sin lograr que el asesino obsesivo deje de preocuparse por sus pistolas automáticas y las de sus rivales.
El asunto es que el asesino 47 fue engañado por su cliente, ya que le dieron como blanco un doble del importante político corrupto que perseguirá durante todo el resto del film, liquidando a pillos tan o más impersonales que él mismo. En cada escena Timothy Oliphant posa de manera realmente patética, y cuando lo hace simultáneamente con tres o cuatro asesinos enemigos, el asunto puede volverse involuntariamente hilarante; la escena en la que cuatro de estos chicos malos deciden caballerosamente abandonar sus armas de fuego para enfrentarse con sables de samurias -escondidos durante media película como si fueran peines-es de una estupidez verdaderamente asombrosa, y puede provocar ataques de carcajadas.
Con más gags por el estilo se podrían recomendar como placer culposo las peripecias de esta linda parejita. Pero no hay tanta tontería memorable (casi todo es tontería a secas), los tiroteos repasan toda la rutina del los buenos films del género y, para colmo, ante la incapacidad para coreografiar las peleas, el director apela al horrible acelere digital, recurso de gusto dudoso como pocos. Al final, el espectador se quedará pensando sobre el absurdo de que un comercial tan horriblemente largo no intente vender ningún desodorante o colonia para hombres que desean sentirse tan rudos como el 47.
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