¿Quién está más solo en el film “Tardes de soledad”? ¿El toro o el torero? Vale recordar la frase del boxeador Ringo Bonavena: “Cuando suena la campana, te sacan el banquito y te quedás solo”. Cuando, después del desfile de toda la cuadrilla, el diestro sale al ruedo y se le viene encima una bestia furiosa de 500 kilos, se las tiene que arreglar por su cuenta, y encima lucir en todo momento una buena estampa.
"Tardes de soledad", un documental sobre toreros ensimismados y toros en su agonía
Una mirada íntima y polémica sobre la tauromanía en España. El periplo de las bestias destinadas a morir. El recogimiento de las estrellas en el rodeo.
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Un documental que sigue la línea minimalista de Serra.
Porque también está la otra bestia, el público. Los asistentes lo van a ayudar solo si cae herido. Al toro de esta película, mejor dicho, al primer toro, lo sentimos bufando en la oscuridad del corral, después vamos percibiendo los cuernos, los belfos, el hocico, los ojos cargándose de rabia. Resopla cada vez con mayor fuerza. Entonces se abre la puerta. Qué diferencia, minutos después. Lucha inútilmente contra el caballo del picador que lo hiere, lo sorprenden dos tipos muy ágiles clavándole las banderillas en el lomo, y ese capote rojo lo está mareando, le hace burla. Ahí la rabia se confunde con la frustración y el cansancio. Le dan un leve descanso y otra vez la burla del capote. Cuando, herido y cansado, ya no puede atacar, el torero le clava su espada. Le dicen matador, pero no lo mata. Deja que el animal ya no pueda sostenerse y caiga al suelo. Desde allí el infeliz mira, con ojos de dolor y desconcierto, cómo el hombre saluda a la tribuna con aire triunfador. Entonces, por sorpresa, por atrás, un cuchillero acaba su agonía y después le corta las orejas, dos peones lo atan por los cuernos, unos caballos lo sacan a la rastra, un barrendero en zapatillas peina la arena para la próxima corrida.
Nunca antes la cámara había filmado tan de cerca esos ojos. Nunca habíamos visto en seguidilla tantas muertes. Entonces, ¿éste es un documental contra la tauromaquia? No estamos seguros. La mayoría de los planos van para el hombre, joven, de rasgos finos, voz de mando y gesto desdeñoso. Sus ojos también están cargados de rabia. Se llama Andrés Roca Rey, peruano, de familia taurina desde los tiempos de su bisabuelo. Gana miles de euros en cada jornada, es la estrella del momento en España.
Cosa rara, no tiene la elegante, imperturbable calma de Dominguin, no ha creado figuras sorprendentes como Manolete o El Cordobés, a quien los reyes le entregaron en 2015 la Medalla de Oro al Mérito de las Bellas Artes, ni muestra tampoco la pasión del Pirata Padilla, acaso el último ídolo popular del toreo. Ese hombre llevaba un parche porque un toro le había reventado el ojo izquierdo, y cubría con un pañuelo el tremendo tajo que le había hecho otro toro en la cabeza. Y seguía toreando, y la gente iba a verlo con sus niños disfrazados de piratas, todos agitando la bandera de la calavera junto a la española.
“Tardes de soledad” no muestra nada parecido, ni siquiera se ve al público, apenas se lo oye algunas veces, apenas se oye, lejano, un pasodoble, tienen más peso unos acordes de música triste y las voces de algunos asistentes. Bueno, es una película de Albert Serra, un minimalista siempre original y siempre discutible, que así completa una trilogía con sus anteriores “Historia de mi muerte”, basada en Casanova, y “La muerte de Luis XIV”.
“Tardes de soledad” (España-Francia-Portugal, 2024); Dir.: Albert Serra; documental.
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