El Teatro San Martín abre otra vez sus puertas

Espectáculos

La obra de Juan Ignacio Fernández, con puesta de Cristian Drut, está enfocada en las relaciones fraternales, resignificadas por la pandemia.

El estreno de ¨Tu amor será refugio¨, escrita por Juan Ignacio Fernández y dirigida por Cristian Drut, marcará el próximo sábado 26 la reapertura de la sala Cunill Cabanellas del Teatro San Martín, cerrada desde el 13 de abril de 2020. La obra iba a verse hace dos meses pero el nuevo cierre de los teatros lo impidió. Lo singular del vínculo entre hermanos y cómo se transforma con el tiempo es el tema de la obra. El elenco está encabezado por Matilde Campilongo, Aldana Illán y Ignacio Henríquez. Dialogamos con Drut y Fernández.

Periodista: ¿Cómo está abordada la relación fraternal?

Cristian Drut: La relación es prácticamente un arquetipo. Es una experiencia personal, me refiero a esta idea de espejar ese vínculo de chicos y de cómo se transforma en la vida adulta. A mi me sigue sorprendiendo cómo tenemos diferentes hijos criados por los mismos padres. En la obra esos hermanos, que compartieron una infancia juntos y vivieron una tragedia, tienen elecciones y miradas totalmente opuestas. Y al mismo tiempo está ese amor fraternal que no se parece a nada. Somos sólo nosotros quienes podemos hablar mal de nuestros hermanos, pero no otro. El tiempo une y separa; en la obra las distintas elecciones los han separado y es la madre quien los une.

Juan Ignacio Fernández: Como nos ha pasado a muchos, cuando adultos se dan cuenta de que no tienen herramientas tan diferentes de cuando eran niños.

P.: El refugio en la madre también se vio en esa vuelta al hogar en pandemia. ¿Es una suerte de metáfora?

J.I.F.: La obra fue escrita mucho antes pero ahora se resignifica. Muchos se deben de haber enfrentado en este tiempo insoportable que pasamos con la vuelta a un refugio, a un lugar en el que uno se siente más protegido. Algunos lo encontrarán en el seno familiar, pero para pasar este año, el refugio fue fundamental.

C.D.: En la pandemia seguramente hubo experiencias distintas en torno a la vuelta al hogar. Los más chicos comparten más horas con sus madres y padres, y eso transforma el vínculo. Conozco casos de adolescentes que se volvieron un poco niños en este año de encierro.

P.: ¿Cómo diseñó la puesta y qué priorizó?

C.D.: Se volvió muy potente esta situación de una familia que no puede acercarse físicamente. Desde lo escénico intenté reforzar esa idea de cómo a veces la familia es lo otro, lo extraño. La imposibilidad de interesarse por el mundo del otro. Lo que más me interesa del texto es su construcción casi cinematográfica, en donde el autor no tenía la preocupación de cómo se ponía eso en escena sino que lo dejaba librado a la mirada de un director. Por ejemplo, en la obra conviven exteriores con interiores con diferencia de pocos minutos. Esos cuerpos están todo el tiempo midiendo distancias. Las rectas y las diagonales construyen los espacios y en un sentido es una puesta panorámica.

J.I.F.: La obra genera imágenes que parecen hechas para este contexto, aunque nunca lo pensamos así y salvo actualizaciones pequeñas a partir del protocolo, la imposibilidad de la cercanía es parte central del texto y la puesta.

P.: ¿Cómo es volver al San Martín en este contexto?

C.D.: El San Martín es un lugar desde lo simbólico muy importante no sólo para mi generación. Quizá la mía ya sea la última y me conmueve entrar ahí. Cuando era joven me pensaba como un director que iba a desarrollar parte de su trabajo ahí dentro porque fui espectador de una época muy especial. Pienso en el elenco estable, las coproducciones. Un espacio que desbordaba de teatro de repertorio así como también de experiencias alternativas. Pienso en el “Peer Gynt” de Ibsen por Alfredo Alcón así como también en el “Hamlet” de Bartis o en la “Antígona” de Ure. Después me doy cuenta de que crecí y entiendo que me formé para un mundo que no existe más.

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