Kartun y el regreso de "El niño argentino"

Espectáculos

Según el autor, tiene como tema la traición. Mike Amigorena y Oski Guzmán la interpretan en sus protagónicos.

“¿Qué hacemos con la foto si la novia está en España?, bromeaban los inmigrantes del siglo pasado. El teatro en una pantalla es la foto de la novia lejana. Peor es que se te desdibuje de tanto tenerlo lejos”, dice el dramaturgo Mauricio Kartun, de quien se verá una versión en streaming de “El niño argentino”, con Oski Guzmán y Mike Amigorena, en la plataforma del Teatro San Martín. Dialogamos con él.

Periodista: ¿Cómo fue el recorrido de la obra incluyendo la versión en el San Martín?

Mauricio Kartun: Se estrenó en la Cunill, la sala chica del San Martín, donde monto siempre mis espectáculos cuando trabajo en el Complejo. La elijo porque es un espacio cachuzo, con el espíritu irregular de nuestras salas independientes. Sus defectos me hacen sentir como en casa. Y me obligan a buscar resoluciones creativas a cada momento. La obra estuvo con localidades agotadas toda la temporada y en su reposición la dirección del teatro apostó a sala grande y la desafió al Alvear. Hicimos tres meses allí y la cantidad de gente parecía inagotable así que nos agrandamos y, ya en cooperativa, probamos suerte en el Regina primero, que tenía justo un hueco de unos meses, y cerramos en el Teatro del Pueblo. Luego anduvimos de gira por Colombia y algunos otros festivales. Daba para varias temporadas más pero con la repercusión y los premios, a Mike le salió la película con Francis Ford Coppola y el protagónico en TV de “Los exitosos Pells”. La unidad que había en escena no me daba para pensar en un reemplazo, así que decidimos dejarlo allí.

P.: ¿El duelo actoral se espeja en la rivalidad de los personajes?

M.K.: Siempre que vemos teatro nos encontramos en algún reflejo, es parte de su campo virtuoso, encontrarnos en personajes y vernos desde un punto de vista diferente. Le pasa a los espectadores, en parte van por eso, y nos pasa a los que estamos dentro. Pero acá han sido reflejos fugaces nomás. Los protagonistas de esta obra son siniestros y Aurora, la vaca, la patria, es la abusada silenciada. Lejos todo eso de la alegría y la energía solidaria de aquel elenco. Aquellas temporadas fueron una fiesta.

P.: Como en la mayoría de sus obras problematiza cuestiones enquistadas en nuestra sociedad, ¿que tópicos destacaría?

M.K.: Tal vez el de la traición. Si bien se estrenó en 2006 yo la empecé a escribir en 1998, envenenado con el menemismo. En el final, el personaje del muchacho, el gaucho devenido hombre de mundo, con esa ropa cara que le queda mal, de alguna manera representaba a aquel caudillo de parodia corriendo en su Ferrari. Luego, claro, estrenada en otro contexto las lecturas fueron diferentes.

P.: ¿Cómo lleva la cuarentena?

M.K.: Me agarró fuera de Buenos Aires, en la costa, tenemos una casita aquí y nos quedamos. Trabajo mucho en el jardín, que es el contra neura perfecto. Mis lumbares no siempre están de acuerdo, pero lo venimos negociando bastante dignamente. Por lo demás, no padezco demasiado porque he sido muy caserito siempre. Y con una hora de caminata intensa tengo hecha la parte atlética de la vida. Pero el otro día me descubrí con una nostalgia opresiva de las cenas post función, ese ritual jodón de los que hacemos teatro. Recordé largas mesas en Madrid, de gira en noviembre pasado, tomar vino y hablar muy fuerte, soñar proyectos a los gritos, contar cien veces las mismas anécdotas y reírnos cien veces en la misma parte. Esas morfadas son el rito adrenalínico de nuestra profesión. Escribía un mensaje el otro día a unos colegas queridos de Tandil hablando de un pechito de cerdo que solemos comer en un parrillón y se me llenaban los ojos de lágrimas.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Dejá tu comentario