Sebastián Suñé: "Apostar a nuevos artistas en teatro es más caro y riesgoso"

Espectáculos

Su obra funcionó bien en el Nün y se mudará al Met. El desafío de pasar de una sala de 90 butacas a una de 400, y de ir los viernes en lugar de los lunes.

“Me desperté un día con la imagen de alguien ahogándose, tirando manotazos y siempre en el mismo lugar. Descubrí que era lo que me estaba pasando a mi. Así surgió ‘Delia’...”, evoca Sebastián Suñé, autor y director de “Delia”, que se presentó en Nün teatro bar durante el año pasado y llega al ciclo “Verano off en el Met”, que ofrece diez semanas con un menú de doce obras que fueron exitosas en el circuito alternativo.

A partir del viernes 10 de enero, a las 22, podrá verse esta obra protagonizada por Leticia Siciliani, Karina Hernández, Julian Infantino, Luciana Lifschitz, Andrés Passeri y dirección de Suñé. Conversamos con él.

Periodista: ¿Cómo surgió “Delia”?

Sebastián Suñé: Me desperté un día con la imagen de alguien ahogándose, tirando manotazos para un lado y para otro, típico de los sueños, donde nunca se avanza y uno padece estancado siempre en el mismo lugar. Esa imagen me quedó y descubrí que era lo que estaba pasando en mi vida a los 30. Surgió el nombre “Delia”, ahogada en su propio nombre, y empecé a jugar sin saber bien qué estaba haciendo. Quería escribir una comedia para cinco actores donde cada uno hiciera varios personajes menos el de Delia.

P.: ¿De qué trata la obra?

S. S.: Es simple, dos días en la vida de ella, a quien le ocurre algo bastante trágico. La obra invita a los actores al juego que más les gusta, hacer de varios personajes a la vez, así, el mismo hace del compañero de Delia, de la psicóloga, de la hermana, etc. Delia se siente estancada, como si fuera un personaje secundario de su propia existencia, hasta que la vida la sacude y le advierte que es tiempo de tomar las riendas del asunto.

P.: ¿Qué le da el tono de comedia?

S. S.: Los colores de los personajes. Delia es una mujer sola, de 30 y pico, con colon irritable, a quien mandan a terapia, y aparecen cuestiones con la obra social, los compañeros de oficina, el cumpleaños de su madre, quien le achaca que si sigue sola es porque le gusta, y cree que su hija hace todo para martirizarla. Es una de esas obras en las que uno se está riendo sin darse cuenta que está frente a un drama profundo, como reírse en el cementerio y ahí el humor se vuelve más negro. También hay algo del humor neurótico de Woody Allen y el reírse cuando la gente la pasa mal.

P.: ¿Le sorprendió la convocatoria del Metropolitan para formar parte del ciclo de verano?

S. S.: Me sorprendió y por otra parte tenemos ese recorrido de aceptación que tienen las obras restantes. Cuando uno hace una obra para el circuito alternativo tiene en cuenta donde lo está haciendo, se permite licencias narrativas y maneras de construir el relato, que quedan en otra vereda de las obras más masticadas del comercial, fáciles de entender, con lo que me resulta interesante esta traslación porque son obras que piden del espectador más atención. Por otra parte, pasar de una sala de 90 butacas a una de 400 es fuerte, y de estar los lunes en Nün a estar los viernes a las 22 en el Metropolitan lo es más todavía.

P.: ¿Deberán hacer ajustes para pasar de una sala y escenario más chico a otro más grande?

S. S.: Esta sala tiene a su favor el dispositivo lumínico, porque desde las luces se puede trabajar ese salto a un escenario más grande. La puesta es más o menos la misma pero las luces son el gran respaldo para estos traslados de obra. Nos pasó con salas más grandes en giras, la luz es el elemento que permite armar el hilo conductor de la narración para el espectador. La obra tanscurre en cinco espacios diferentes que se van armando y desarmando frente al espectador hasta el apagón final.

P.: ¿Cómo ve la escena de autores nacionales en calle Corrientes, habida cuenta de la abundancia de adaptaciones que llegan del exterior?

S. S.: El teatro comercial es teatro de productor, que a la hora de poner dinero muchas veces apuesta a que venga con éxito probado de otro lugar y puedan ser realizables acá. También hay otros que dan espacio a autores del off como Jonatan Goransky con este ciclo del Met que estuvo durante todo el año los martes o Blutrach en el Picadero. Siento que falta comunicación entre los productores y los autores para el teatro comercial, apostar a nuevos autores, actores o directores es más caro y más riesgoso, sin embargo, hubo varios que llegamos al Metropolitan después de varios años de recorrido. Esta obra empezó desde el deseo, la ensayábamos en casas de actores cuando podían, y ahora estará los viernes en horario central en calle Corrientes. Uno no escribe diferente para acá o allá, hay que quitar temor a decir “esto es del off o del comercial”.

P.: Pero antes habló de teatro comercial como teatro “masticado”...

S. S.: Sí, y me estoy contradiciendo. Tenemos que eliminar los prejuicios. Nos pasó dentro del off que “Delia” parecía escrita para otro teatro por el exceso de comedia y sentimos cierto desdén desde el off más puro. Así como estamos en un momento de quitar etiquetas de un montón de cosas, hay que dejar de creer que todo son compartimentos estancos, todo acá es unitarios y federales, River y Boca. Esta cosa argentina que tenemos de ubicarnos aquí o allá, la replicamos en el teatro. Pero es bueno que el público se anime a ver algo diferente ante tanto comercial que se estrenará en enero.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Temas

Dejá tu comentario