Samuel L. Jackson es el detective que debe enfrentar a un ejército de serpientes en
«Terror a bordo», film que asegura entretenimiento a los fans de la acción y el terror.
«Terror a bordo» (Snakes on a plane, EE.UU., 2006, habl. en inglés). Dir.: D.R. Ellis. Int.: S.L. Jackson, J. Margulies,N. Phillips, R. Blanchard, F. Alexander,-K. Thompson, S. Mabrey
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Dado que la realidad ha superado a la ficción en el terreno de las catástrofes, y que con la serie de «Aeropuerto» y las parodias tipo «¿Y dónde está el piloto» no queda mucho por agregar, hay que reconocer la audacia de los productores de «Terror a bordo». Su película aporta nuevo entretenimiento al cine catástrofe, y lo mejor es que lo hace sin tomarse en serio a sí misma, ya que es mitad thriller, mitad delirio aéreo con pilotos noqueados, tempestades eléctricas y, tal como especifica el título original, un avión atestado de serpientes de todo tipo y tamaño.
Samuel L. Jackson es un agente del FBI que debe llevar desde la Polinesia a los EE.UU. a un surfer para que atestigüe en contra del peor mafioso chino, famoso por haber dado cuenta de modos espantosos de todo aquel testigo que haya tratado de mandarlo a prisión en los últimos años. Por eso, no debería llamar la atención el extraño método elegido para liquidar al surfer, a los agentes del FBI y a todo el pasaje y la tripulación de un Jumbo que los mafiosos llenaron de serpientes venenosas y alguna pitón, por las dudas, para colmo excitadas por una toxina agregada para potenciar su agresividad.
Esta es una película a toda super-acción, y por eso más o menos a la media hora ya hay bichos pululando por el avion, y pronto hacen su aparición estelar en una terrorífica escena en el baño.
EL suspenso, el gore y los chistes de humor negro -algunos realmente muy buenos- no paran nunca, por lo que «Terror a bordo» es todo un ejemplo de cómo entretener sin pausa a los fans de la acción y el terror sin un gran presupuesto. El director David R. Ellis (el de «Celular») no deja tiempos muertos para que el espectador pueda reflexionar sobre la tontería que está viendo, y el director de fotografía Adam Greenberg pone en práctica todo lo que aprendió junto a Sam Fuller en «Más allá de la gloria», y James Cameron en sus dos «Terminator», para colocar siempre la cámara en el lugar más atractivo y sorprendente.
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