“El títere nunca pasa de moda porque tiene que ver con la poesía, con la infancia y por eso compite con los grandes formatos de celular y 3D”, dice Daniela Fiorentino, que junto con Gerardo Porión son los titiriteros de “El zorro, el labrador y el buen hombre”, de Pablo Gorlero.
Títeres: Creer, luego existir
La obra creada por Pablo Gorlero es una historia sobre el amor y la amistad, con los titiriteros Daniela Fiorentino y Gerardo Porión, actuaciónes de Santiago Lozano, Pedro Raimondi y cuenta con música original de Fernando Nazar
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"El zorro, el labrador y el buen hombre!" se presenta en el Teatro del Pueblo para público de 4 a 100 años.
“Los chicos conectan directamente con los títeres, los adultos ponen resistencia”, reflexiona Porión. La obra puede verse sábados y domingos en el Teatro del Pueblo y en vacaciones estará de martes a domingos.
Se trata de una historia sobre el amor, la amistad y los lazos que trascienden el plano de la vida, para público desde 4 a 100 años. Fiorentino es el zorro, Porión el labrador, actúa Santiago Lozano, como el buen hombre, Pedro Raimondi hace del juglar, la zorra y la liebre, en tanto Inés Scepppacuercia hará el reemplazo de zorro en vacaciones de invierno. La música es de Fernando Nazar y la coreografía de Marina Svartzman. Conversamos con Fiorentino y Porión.
Periodista: ¿Cómo recibe el público esta obra tierna de pequeño formato y pocas palabras en un mundo signado por la inmediatez de las redes? ¿Cuál es el desafío?
Daniela Fiorentino: Es seguir apostando a la tracción a sangre, como en medio de la maquinaria y estructura infinita tecnológica nos sigue emocionando un títere, nos habla de lo más puro y ancestral que tiene un ser humano, jugar, como se hacía en las cavernas. Están depositando en un objeto un sentir vivo y real que existe. En tanto se cree, existe. Los títeres van a funcionar porque funciona el asombro y la magia. No puede desaparecer ni con la tecnología más grande de la tierra. Si te pongo un títere en el medio de la calle asombra a los transeúntes porque tiene que ver con lo primario. Es jugar, dos tapitas pueden ser Romeo y Julieta. Por eso no nos olvidamos de este estadio de la niñez. Es llegar al corazón con pocos artilugios tecnológicos que van derecho al corazón. Tiene que ver con la sencillez, ahí hay un buen nicho, las historias simples son las más interesantes.
Gerardo Porión: Está todo muy atravesado por las redes sociales y los títeres no por nada tienen vínculo tan directo con los chicos. No es el público para el que trabajo habitualmente porque me dedico a adultos. En esta obra el público se conmueve con los animales, se ven realistas, hay búsqueda de las actitudes de los animales para poder contar una emoción. Es una obra de pocas palabras pero no de gran escala, títeres que ocupan gran espacio, corremos de una punta a la otra, es muy interesante trabajar con acciones y pocas palabras. El público ve en los títeres cosas que a veces no suceden, los ven pestañar o sonreír porque lo imaginan.
Periodista: ¿En qué historia real se basa esta de animales y un buen hombre?
G.P.: Sucedió no hace mucho, en pandemia, en Japón y el cuenta sobre un hombre que vivía en el monte con su perro y adoptan al zorro.
D.F.: Es un zorro salvaje, por eso también él se va a buscar su vida, vuelve y no lo domestican fácilmente.
P.: ¿Cómo es esta obra que combina títeres, actores y músicos?
D.F.: Hace mucho trabajo en el cruce de títeres con distintas disciplinas como danza, arte digital, actuación. Acá el ensamble se arma muy bien, además con un músico en escena y títeres que dialogan entre ellos. Hay que destacar cómo el actor siente que los títeres viven, porque si me mira a mi no sucede la magia. También está el trovador que relata.
G.P.: Es un desafío. Los titiriteros actuamos sobre una partitura musical y además como se nos ve, hay un trabajo muy minucioso. Tuvimos como referencia los dibujitos animados, Tom y Jerry, que tienen partitura musical que marca las acciones de los personajes. Primero hay que montar la idea escrita sobre las acciones que hacen los personajes y luego la improvisación con el humano. Creamos la escena, la montamos con alfileres primero para poder visualizarla, luego el músico compuso melodía y más tarde el ensayo con el actor.
P.: ¿Cómo es hoy el teatro con títeres? ¿Cómo están los titiriteros? ¿ Hay público de títeres para adultos?
D.F.: Soy militante de los títeres, tengo una productora Casa de títeres que fundé en Pan y Arte. Confío en los títeres para adultos, estoy preparando un espectáculo de títeres para adultos, con danza y flamenco, siempre digo no son solo para niños y hay grandes propuestas. El teatro de títeres lo veo vivo y para mi es un arte infinito, nunca va a dejar de crecer y existir, es un nicho que abarca mucho público.
G.P.: Con mi espectáculo “Pajarraquito” en el Teatro La Gloria trabajo. Los titiriteros y los actores a veces no nos mezclamos mucho, hay mucho pero por separado, y lo mismo las salas, algunas no programan títeres y otras sí. Buscamos abrir espacios nuevos. Es bueno ir al encuentro de bailarines, actores, músicos y títeres, todos en escena en un mismo espectáculo.
P.: ¿Cómo es hacer hoy teatro independiente? ¿Cómo ven la cultura y la escena teatral?
G.P.: No es el mejor momento pero funciona como caldo de cultivo para buenas dramaturgias, producciones y espectáculos. Es un momento difícil de pocos recursos, los espacios actuales están desmantelados pero siento que el teatro está activo y más en momentos de crisis.
D.F.: Es un desastre lo que estamos viviendo, un abandono de la cultura, del sostén, no hay políticas culturales, es un Gobierno al que no le interesa la cultura. Hacemos lo mejor que podemos pero no veo una inteligencia, una inmersión en la cultura, menos en el teatro. Es muy difícil para el teatro independiente y comercial sostener en este momento, es una constante y sin embargo el teatro y la cultura están más vivos que nunca. Cuando más quieren empujar y desestabilizar el artista se para trabaja y camina porque la cantidad de obras que hay, inclusive para adultos, es emocionante. Militamos una forma de vida como artistas y el público nos banca. Hay un aparato, es épico hacer teatro, es un delirio hermoso.



