Tono casi rohmeriano en film de observaciones precisas

Espectáculos

En clase de conversación, una mujercita de expresión amable le está enseñando a un alemán a presentarse sin necesidad de usar en cada oración el pronombre personal “yo”. La escena transcurre en un bar de barrio y se corta de modo confuso. Luego sabremos que ella, sin darse cuenta, provocó la caída de un asaltante que había entrado al bar, y así dos mozos pudieron reducirlo. Por eso, y por unos días, la chica se convierte en la heroína del barrio. Ante la cámara de un canal de la zona, aprovecha para aclarar que no es profesora de español. “Soy actriz”, afirma. Pero no actúa. Tampoco es tan chica. Ni se siente cómoda consigo misma.

Simple, de apenas 65 minutos, “La protagonista” describe a una de esas personas apocadas, que no saben aprovechar las oportunidades, incluso escapan de ellas, y sin animarse a enfrentar los conflictos se dejan llevar por el destino. Parece que no les pasa nada, porque ni siquiera expresan lo que sienten. Nuestro personaje sólo levanta la voz cuando habla por teléfono con la madre. Y cuando puede llorar, con toda la angustia que tiene adentro, es porque le pidieron que lo haga para una prueba de casting. Quizá después nadie le pregunte nada, ni le preste oídos. Sólo anotarán “candidata número tanto, llora bien”, y pase la que sigue.

Muy buen debut cinematográfico de Rosario Varela, actriz polifacética bien apreciada en el teatro independiente. Y buena reaparición de Clara Picasso, autora de observaciones precisas, puesta sencilla y tono casi diríamos rohmeriano, que, literalmente, filma cada diez años. Su anterior película, “El pasante”, sobre el cotidiano de un botones de hotel, data de 2010.

“La protagonista” (Arg., 2019). Dir.: C. Picasso. Int.: R. Varela, M. Suárez, I. Rogers, J. del Pozo, A. Zaninovich.

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