5 de noviembre 2003 - 00:00

Trama más simple cierra bien la trilogía "Matrix"

Escena del film
Escena del film
«Matrix Revoluciones» («Matrix Revolutions», EE.UU., 2003, habl. en inglés) Dir.: A.y L. Wachowski. Int.: K. Reeves, L.Fishburne, C. A. Moss, M. Bellucci, L. Wilson.

En relación a sus dos predecesoras, la tercera y última «Matrix» es mucho más sencilla en lo argumental, al tiempo de ser la que tiene un estilo visual más oscuro y complejo. Ambas cosas surgen como una consecuencia natural del desenlace imaginado por los hermanos Wachowski.

De las tres «Matrix», ésta es la menos interesante si se busca el retorcido ángulo metafísico de los dos films anteriores. Esto vuelve menos rico el concepto del film, lo que para el gran público devorador de pop ma corn casi se puede llegar a traducir en una buena noticia: ahora ya se sabe todo sobre la Matriz y Zion, y apenas se revelan un par de secretos sobre esos dos mundos enfrentados en una guerra casi eterna: las novedades son un limbo entre ambos universos (algo así como una estacion de tren fantasma), y otro sitio al que nadie quiere ir, Machine City (como indica su nombre, un lugar lleno de bichitos mecanicos poco amistosos). Luego, simplemente hay que ver un par de escenas de super-acción con tiros y kung fu, la batalla contra un ejército de máquinas, y el duelo final entre Neo y el clonadísimo agente Smith. Sintetizado de manera tan mezquina, parece poca cosa. Sólo que en el par de escenas de super-acción hay que incluir un tiroteo cabeza abajo que por sí solo obliga a ver la película un par de veces. Es que para entrar a la discoteca infernal del sofisticado villano Lambert Wilson (el Merovingio) no sólo hay que apretar el botón del ascensor que dice «Hell», sino que luego hay que liquidar a unos matones con la rara habilidad de reírse de la fuerza de gravedad. Esta balacera patas arriba es una muy digna heredera violenta de aquel baile de hombre mosca de Fred Astaire en «Boda Real».

La larga e intensa parte del film que describe la angustiante defensa de Zion contra un imparable ejército de bichos mecánicos, si bien parte del mismo concepto de los flashbacks futuristas del primer «Terminator», obviamente es mucho más complicado, por lo que incluye un nivel de detalle sorpredente al mostrar un tipo de guerra futurista coherente con el concepto básico de «Matrix».

•Mensaje

Como Neo está en cualquier otro lado y no participa del combate en Zion, hasta el cerebro más intoxicado con sobredosis de pop corn podrá intuir el positivo mensaje sobre la inutilidad de la guerra, lo que lamentablemente le quita un poco de tensión a todo ese complicadísimo despliegue de efectos especiales de primer nivel que ayudan a plasmar algunos de los más extraños momentos relacionados con el cine bélico y la ciencia-ficción. Y el duelo final entre Neo y Smith es algo tan raro y lleno de sorpresas como la visita previa Machine-City. Estas partes menos belicosas aportan la dosis de imprevisible psicodelia dark que caracteriza a esta franquicia.

Tal como repite la Pitonisa,
«todo lo que empieza tiene un final», y por más sencilla que sea la resolución de esta saga kafkiana, obligó a los Wachowski a plasmar con el mayor nivel de verosimilitud posible docenas de decorados y situaciones que transcurren en sitios casi imposibles de describir con palabras. De ahí la contradicción entre una trama relativamente sencilla y una imagen bastante más complicada.

En sí misma,
«Matrix Revoluciones» en general es más que contundente. Su mayor defecto sería una duración excesiva, con cierta repetición en las escenas bélicas y en momentos tristes como las largas despedidas. Sólo que es difícil percibir a este film, ya que, como desenlace de una trilogía, es la pieza que permite entender completamente una saga original. Ahí el film mejora, ya que cierra todo con calidad y coherencia, con curioso, semi terrible final feliz lleno de pactos entre programas como la Pitonisa y el Arquitecto, y de héroes sacrificados por brindarle a la humanidad un nuevo amanecer virtual.

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