16 de septiembre 2004 - 00:00

"Trelew"

En agosto de 1972, presos pertenecientes a los tres grupos guerrilleros que entonces operaban en el país lograron copar el penal militar de máxima seguridad de la época, perdido en el desierto patagónico. Y, como les fallaron los camiones que debían facilitarles una fuga masiva, mandaron llamar taxis para irse en grupos hasta el aeropuerto más cercano. El resto de la historia es más conocido, tanto en su versión oficial (la que sostuvo el teniente general Lanusse en sus memorias) como en la versión que pronto tomó estado público, ahora se sabe, a través de los propios habitantes del barrio militar cercano a Trelew.

Ahora, pasados ya treinta años, al fin abren la boca varios de sus partícipes. No solo ex-guerrilleros, sus familiares y abogados, sino, sobre todo, ex-guardiacárceles, dos de los taxistas, dos periodistas locales que conocían a medio mundo, el médico, el empleado de la funeraria, un ex conscripto, y hasta el que los dejó de a pie y hoy quiere justificarse.

Y a medida que cuentan cómo iban sucediendo las cosas, la cámara se instala en esos mismos lugares, a la misma hora en que ocurrieron, como para que el público se haga una idea de la luz que había en cada momento, de la distancia, y de los nervios. Y ver, de paso, que donde antes se escribían consignas de liberación nacional, etc., ahora hay graffitti de Gun's Roses.

En suma, un suspenso bien logrado, aun para quienes ya saben los pormenores de la historia, bien completado con imágenes de archivo, y, más allá de partidismos, el mejor documental de investigación que ha hecho hasta ahora Mariana Arruti, incluyendo «Los presos de Bragado», sobre unos anarquistas en su momento rebautizados «los Sacco y Vanzetti de Argentina», que soportaron años de cárcel, hasta que el gobierno bonaerense les reconoció su inocencia. Pero «Los presos...» emociona, porque habla de gente de otra madera, ajena a la violencia. Al respecto, un detalle: uno de los que alcanzaron a escapar, Mario Santucho, no murió asesinado, como dicen las didascalias finales, sino en combate.

P.S.

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