La exposición «Astica-Stupía-Sturgeon », que hasta el 22 de noviembre se exhibe en la galería Van Riel, brinda una nueva oportunidad para evaluar la vigencia de la pintura, técnica que utilizan los tres artistas con especial destreza. Hasta aquí las afinidades; salvo, una breve aclaración compartida en el texto del catálogo: «Pintamos como podemos, no como deberíamos pintar». Es decir, los tres se sirven de la pintura, pero con el estilo que dictan sus propias necesidades, liberados de las tendencias en boga y los mandatos estéticos institucionalizados. Eduardo Stupía sigue fiel desde hace años al ascético blanco y negro, Richard Sturgeon a un transvanguardismo barroco y teatral, y Juan Astica a sus mesuradas y abstractas reinterpretaciones del paisaje. Nada más ajeno a los « modelos» de consagración actual, que las tintas de Stupía, considerado un artista de culto por los conocedores de verdad. El «accidente controlado» es su técnica por excelencia: con procedimientos de su propia invención, juega con la casualidad de las chorreaduras y salpicaduras de la tinta sobre el papel. Pero de modo inexplicable, de esa jungla de manchas y del gesto -en apariencia-accidental, surgen formas reconocibles, paisajes que oscilan entre la abstracción y la figuración y que cobran sentido según sea la distancia desde la cual se observen. Es como si esa trayectoriasemiciega y distraída de la tinta que derrama el artista, estuviera predestinada a transformarse en visiones de un mundo de ensueño, que apenas se puede entrever en la trama accidental que dibuja la tinta cuando se diluye.
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Muy lejos de ese universo encantado, con sus pinturas voluptuosas y la pincelada suelta, Sturgeon muestra la realidad. Pero una realidad tanto o más exacerbada, amenazante y riesgosa que la de la vida actual, como la densa agresividad de las aguas que padecen «Los inundados», o la brutal caída libre de su personaje en la nieve.
Entretanto, Astica, con sus reminiscencias de la llanura, la demarcación geométrica del territorio y el emblema del pasto usado como el blasón de un escudo, transita entre el lirismo y el concepto por el campo argentino, tema y problema de sus obras. A.M.Q.
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