4 de agosto 2005 - 00:00

Triángulo amoroso con cine de fondo

Romance con cinemateca a las espaldas: «Después de medianoche» evoca a «Juleset Jim», entre otras películas.
Romance con cinemateca a las espaldas: «Después de medianoche» evoca a «Jules et Jim», entre otras películas.
«Después de medianoche» («Doppo Mezzanotte», Italia, 2004, habl. en italiano). Guión y dir.: D. Ferrario. Int.: G. Pasoti, F. Inaudi, F. Troiano, S. Orlando.

" Los lugares cuentan las historias mejor que los personajes"
, dice alguien en esta historia. Puede ser. La mala fama del barrio donde vive, el departamento donde recibe al novio (cuando él quiere ir), el fast-food donde trabaja (hasta que enloquece y termina huyendo de la policía), explican el malhumor de la chica que no sabe explicar lo que le pasa.

El río con un paisaje calmo que ya tiene su historia, el raro edificio, su material de sueños, definen al excéntrico y silencioso guardián que ha de cuidarla. Los bares, la calle, el desarmadero, describen al novio de la chica, en el fondo un matoncito sentimental, un ratero de automóviles que arriesga quedarse de a pie, pero con nobleza. Por algo se llama Angelo.

Dato importante: gran parte de los hechos pasan dentro de la Mole Antonelliana de Torino, sede del museo italiano de cine. Ahí, en un rinconcito, el guardián diseñó su propio refugio al modo de su héroe y modelo de vida Buster Keaton (el Keaton de las películas, se entiende). Esto, el viejo melodrama «Il fuoco», unos noticieros de hace un siglo, y la propia camarita del protagonista, aportan una linda pizca de saborcito cinéfilo. Que sirve para sazonar, pero, por suerte, no se impone a los demás sabores. Por ejemplo, cuando la chica plantea que le gustan los dos, el que trabaja en el museo recuerda haber visto una película donde la mujer también quería quedarse con los dos. No dice «esto se parece a 'Jules et Jim'». Y los otros no le preguntan cómo se llama la película, sino cómo termina. «Termina mal», responde.

«Después de medianoche»
puede terminar mal o bien, según con qué candidato vayan las simpatías de cada espectador. En todo caso, no se distrae haciendo guiños para entendidos. Al revés, esto lo entiende cualquiera: al fin y al cabo, es la lucha del eterno femenino entre el varón, que apenas puede ofrecerle la realidad de la vida, y el protector que apenas sabe ampararla en el refugio de las ilusiones.

El director Davide Ferrario expresa esto de un modo contenido, sensible e ingenioso, pero sin darle mayor lugar a las lágrimas o la risa. Acaso sea lo adecuado, ya que la historia ocurre entre italianos del norte.

P.S.

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