"Troya"

Espectáculos

«Troya» («Troy», EE.UU., 2004, habl. en inglés) Dir.: Wolfgang Petersen. Int.: Brad Pitt, Eric Bana, Orlando Bloom, Diane Kruger, Peter O'Toole, Brian Cox, Sean Bean, Saffron Burrows, Brendan Gleeson, Rose Byrne, Julie Christie.

Durante casi tres horas, «Troya» ofrece casi todo lo que se puede esperar del más tradicional «peplum», generalmente más conocido como «una de romanos» (aun si fueran griegos, como en este caso).

Retrocediendo medio siglo, hasta llegar a los tiempos del CinemaScope, las carreras de cuádrigas y esos «actores con pechos más grandes que las estrellas femeninas» (según la queja célebre de Groucho Marx), «Troya» es un despilfarro tan entretenido como inocuo: con todos sus millones, nunca parece tener nada que decir. Y ni siquiera logra mostrar en detalle y al desnudo las armas de destrucción masiva de Helena, la mujer que provocó tamaña guerra ( Diane Kruger es muy atractiva, pero cuando se desprende la túnica, la imagen se ciñe a un pudoroso plano «cabeza y hombros» muy poco pagano).

Hasta ahí, con sus momentos contundentes, sus relámpagos seudoprofundos y sus deliciosas ridiculeces,
«Troya» es un film-espectáculo que, entendido como tal, no puede defraudar.

Pero el retroceso no se detiene ahí.
«Troya» va tan para atrás que casi es avant garde. Retrocede hasta el cine mudo, cuando Hollywood eludía la tradición judeocristiana y Griffith descuartizaba sumerios y babilonios sin piedad. Sólo que sin un concepto magistral como el de «Intolerancia», esta «Troya» se parece más a la joya italiana «Cabiria», y quizá ese clásico del cine mudo italiano represente mejor el espíritu de «Troya» que todos los otros referentes.

Por otra parte, no se puede tomar en serio al
Aquiles histérico compuesto por Brad Pitt. Pero finalmente tampoco hay muchos puntos de comparación, excepto por el menos divertido Laurence Harvey de «Helena de Troya» de Robert Wise (y algún forzudo al estilo de Steve Reeves en uno de esos peplums italianos de pura raza, hoy imposibles de hallar).

• Vistoso

Entre los sets majestuosos, la magnífica flota griega, la lógica truculencia de los combates cuerpo a cuerpo (medida pero creativa) y el absurdo y vistoso vestuario,se aprecian algunas escenas que sí recuerdan esporádicamente el poema de Homero, y no se puede dejar de mencionar algunos destellos actorales a cargo de intérpretes como Peter O'Toole (Príamo) y Brian Cox (Agamenón). Eric Bana y Orlando Bloom, como Héctor y Paris, a veces sorprenden.

Lo único realmente malo, por remanido y rutinario, es la partitura de
James Horner. Todo lo demás quizá no resista el menor análisis, pero entretiene, y a lo grande.

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