El hoy famoso director de orquesta Gabriel Garrido es, sin duda, un amante de los instrumentos de época. Pero también de otras reliquias.
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Tanto es así que, al regresar después de 30 años al país, se empeñó en manejar el mismo Renault Gordini que guardaba en el garaje de su casa y que a duras penas andaba. Un Gordini no es un laúd. Así, al ver lo dificultoso de su andar hasta el Teatro Colón, lo detuvo la Policía.
El, lógicamente, ya no tenía la vieja documentación de su vehículo. Desesperado, Garrido agitaba la partitura del «Orfeo» ante los escépticos oficiales, que no lo querían dejar seguir, y casi se pierde uno de los ensayos.
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