"Una dama digna"

Espectáculos

«Una dama digna» (Mrs. Palfrey at the Claremont, EE.UU.G.Bretaña, 2005, habl. en inglés). Dir.: D. Ireland. Guión: R. Sacks s. novela de E. Taylor; Int.: J. Plowright, R. Friend, Z. Tapper, A. Massey, G. Hale, R. Lang, M. Warren.

Una señora de edad, por decirlo elegantemente, entabla hermosa relación con un joven pintón, culto, cordial, bien educado, y con todo el tiempo disponible para visitarla, escucharla, y llevarla a pasear (a pie, porque no trabaja, aunque, eso sí, empilcha bastante). No, nada que ver con «Besos en la frente», porque la anciana no se enamora del joven, simplemente lo adopta como nieto en reemplazo del ganso que tiene por verdadero nieto y que nunca la visita.

La anciana, interpretada por Dame Joan Plowright, presenta al muchacho a sus coetáneas del Hotel Claremont, donde todas residen, haciéndoles creer el parentesco, las otras se lo envidian (ellas tampoco reciben visitas), el enredo se complica, y el chico se divierte: «¡Mi Dios, estamos atrapados en una obra de Terence Rattigan!» Y agrega, a lo Oscar Wilde, «Nunca la pasé tan bien con la ropa puesta».

Otra viejita bromea, y canta y baila con dos compinches «It's Never Too Late to Fall in Love». Es Georgina Hale, que cantaba esa misma canción en «El novio», de Ken Russell, y lo hace prácticamente con la misma picardía. El ordenanza, impagable, es Timothy Bateson, una suerte de anciano orangután que hace papeles de reparto desde allá por 1947 (se lo ve también en la última de «Harry Potter», pero acá verdaderamente se luce). Y así sucesivamente, incluyendo al nieto verdadero, que, por supuesto, todos toman por falso.

Vale decir, un encantador elenco con predominio de viejas y viejos, lindos textos, bien dichos, situaciones risueñas (como la del atildado vecino que dice «No me sentía cómodo con una mujer, desde la última vez que me sentí cómodo con una mujer»), paseos por la parte linda de Londres, y por el castillo de Beaulieu, estilo agradable, apacible, dulce, en suma, una película ideal para público mayor de 50 años. Baste decir que está dedicada «To Our Mathers and Grandmothers».

A veces la puesta parece de teatro, pero en verdad responde a una novela de Elizabeth Taylor (sólo homónima de la actriz), ya llevada a la pantalla por Celia Johnson (a la que acá se hace referencia por su labor en «Brief Encounter», película clave en la vida amorosa de la protagonista). A veces, también, y esto no es un defecto del film, el subtitulado no ayuda, porque aparecen unos errores de ortografía bastante injustificables. Fuera de eso, una película disfrutable. La dirigió, con todo cariño, Dan Ireland, que estuvo en Mar del Plata 1996 con René Zellweger y Vincent D'Onofrio, presentando un film que después se dio sólo en cable, «The Whole Wide World». Eso fue al comienzo de su carrera.

Curiosamente, no hizo mayor carrera.

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