«Lengua madre sobre fondo blanco». Libro y dir.: M. Obersztern. Int.: M. Lubos, M. Merlino, T. Saphir. Esc. e ilum.: D. Bruzzone. Vest.: M. Colombo. Banda Sonora: G. Ridilenir. («El portón de Sánchez». Viernes, a las 23.)
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Elsa es una madre impertinente pero a la vez seductora, que lanza sus opiniones sin ningún pudor echando mano a un ¿estudiado? tono de despiste e inofensiva frivolidad. Para sus hijas no es fácil despegar de esta mujer con aires de diva en decadencia, que se presenta a sí misma como única dueña de la verdad. Al fin y al cabo, ella es capaz de manipular los afectos, y también los recuerdos, con una aterradora displicencia.
La directora Mariana Obersztern vuelve a mostrarse como una lúcida observadora de las relaciones madre e hija. Al igual que en su magnífico trabajo anterior, «Dens in dente» -que presentó hace cinco años en el Rojas como parte del Proyecto Museos-aquí reaparecen los elementos más siniestros de la «novela» familiar bajo una pátina de humor delirante. También retoma el mismo concepto de montaje escenográfico (obra del talentoso artista plástico Dino Bruzzone) que hace que el ámbito escénico funcione como una sugerente instalación.
En este espacio deliberadamente artificial, una nívea maqueta de vivienda urbana, las protagonistas pasan de uno a otro compartimento como ratas de laboratorio que se atraen y se repelen para regocijo del espectador. La pieza abunda en diálogos ingeniosos y corrosivos que dan cuenta cabal de las fantasías que las madres suelen despertar en sus hijas. Elsa, no sólo es el motor del conflicto sino también el único personaje que no pierde continuidad a lo largo de la obra. Además se ve enriquecido por la deslumbrante actuación de Marta Lubos, una intérprete que resulta imprescindible conocer. Sus diálogos con la tímida hija mayor ( María Merlino) no tienen desperdicio, sobre todo cuando ésta contrataca manipulando electrodomésticos (una procesadora, un horno microondas, un equipo de música) para acallar a esa madre cuya lengua hiere, desnuda y paraliza.
En cambio, el personaje de Marta ( Tatiana Saphir), la relegada hija menor, está bastante desdibujado. Si bien protagoniza algunas escenas muy eficaces (la charla telefónica con el marido, por ejemplo) su presencia, en general, introduce líneas de acción que se apartan del conflicto central, transformándose en meros apuntes sobre el amor y las relaciones entre hermanas. La presencia de la madre es la que asegura, entonces, la integridad y la potencia dramática de esta deliciosa comedia del absurdo.
Dejá tu comentario