3 de agosto 2005 - 00:00

Una notable orquesta panamericana

«Youth Orchestra of the Americas y The Choral Arts Society of Washington». Dir.: C. M. Prieto y N. Scribner. Obras de Strauss, McCartney, Rachmaninov y Orff. (Teatro Colón). Repite hoy.

Un programa consagrado a obras nacidas en el siglo XX trajo una vez más a la Youth Orchestra of the Americas para actuar en el Teatro Colón en la sexta fecha de la temporada del Mozarteum Argentino. Dirigida por el mexicano Carlos Miguel Prieto, el organismo patrocinado por Plácido Domingo está formado por 110 músicos provenientes de distintos países de las Américas. Los becarios que la integran tienen entre 18 y 26 años, todas las temporadas son renovados y cumplen con una intensa actividad con la participación de notables batutas de nivel internacional.

En el concierto de lunes, la agrupación comenzó su actuación con la suite de «El caballero de la rosa», de Richard Strauss y concluyó la primera parte con la «Rapsodia sobre un tema de Paganini», Op. 43, de Rachmaninov. Tanto en una obra como en la otra se lucieron los jóvenes instrumentistas, impresionando con un sonido compacto y de alta calidad musical. El sector de las cuerdas, sobre todo, rindió con precisión y belleza en la ejecución de la suite straussiana y en las variaciones de Rachmaninov, que contaron con la actuación de una portentosa Gabriela Montero, pianista venezolana conocida ampliamente entre nosotros por ser una de las elegidas por Martha Argerich para sus festivales anuales en Buenos Aires.

Espléndida intérprete, con un estilo pianístico rotundo, de gran energía e intenso virtuosismo muy ligado en características musicales al de su mentora Argerich, dio muestras de su capacidad artística en una versión electrizante de la popular partitura del compositor ruso.

Artista de la improvisación, luego de los aplausos agregó dos tangos en calidad de « bises», uno de ellos una jazzística mirada a «El día que me quieras», de Gardel y Lepera. Entre ambos, hizo una composición del ex beatle Paul Mc-Cartney compuesta en tributo a su esposa Linda, «Nova».

La adaptación orquestal se estrenó en esta ocasión y la dirigió Roger Kellaway ante una orquesta consustanciada con la melancolía contenida en la pieza de breve duración. El muchas veces acusado de colaboracionista del Tercer Reich, el bávaro Carl Orff ocupó la última parte del programa con su célebre «Carmina Burana». A la orquesta se sumó The Choral Arts Society of Washington, dirigido por Norman Scribner para realizar una versión satisfactoria de la partitura basada en poesías populares del siglo XII. Las voces del coro -mejores las femeninas que las de los hombres- se estrecharon a los instrumentistas en una muestra de intenso dramatismo y sensualidad. La soprano Laura Lewis y el contratenor Paulo Mestre resultaron lo mejor entre los solistas vocales a los que se unió un barítono dubitativo y de poco volumen, Jon Bruno, todos bajo la prolija conducción de Prieto.

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