«Shiner» (Gran Bretaña, 2000, habl. en inglés). Dir.: J. Irvin. Guión: S. Cherry. Int.: M. Caine, M. Landau, F. Barber, F. Harper, A. Serkis, C. Rushbrook, M. Marsden, G. Lewis, K. Cranham.
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E ste drama de acción con arrestos shakesperianos en el submundo del boxeo británico es un poco como esas peleas que provocan gran expectativa inicial, pero al quinto round ya empiezan a pincharse, y uno las sigue viendo solo por si en una de esas repuntan y salvan la noche. En este caso el final es con muchos tiros, pero también es «cualquiera», como dicen ahora los muchachos en edad de trompearse.
A continuación, una síntesis del combate. Un promotor del sur londinense con pretensiones de ascenso social (Michael Caine, el actor ideal para ese puesto) busca el triunfo rápido con un candidato, su propio hijo, que ni de lejos está preparado para un gran combate. Enfrente hay un frío americano con un negro fiero, de esos que no perdonan. Primer detalle inverosímil: ningún padre con la calle de nuestro personaje puede estar tan ciego que no vea que su hijo es un sub-20 muerto de miedo pero, en fin, vaya y pase. Lo acompaña la familia, incluyendo dos hermanas que se aborrecen y dos guardaespaldas que casi se roban la película. Detrás, dos inspectores acechando al protagonista con una acusación de homicidio culposo en una pelea clandestina. Todo ha de pasar rápidamente.
No hay reproches para esa primera parte, pelea incluida, ni tampoco cuando pasa lo que pasa y el hombre se larga a buscar culpables. Al contrario, culpar a otros por la derrota -culpar incluso a ese pobre muchacho que lo ha desilusionado-causará varios diálogos fuertes dentro de la familia, y unas cuantas muertes en el radio urbano. Lástima que a esa altura el libretista empiece a tirar manotazos para cualquier parte, esperando que el público deje pasar esto y lo otro, y lo de más allá, que está agarrado con alfileres, etc.
Al final la historia, que había empezado muy bien, se va haciendo cada vez más inverosímil, y a duras penas la terminan salvando los actores y el ritmo. O la campana, que en este caso es calibre 45.
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