19 de febrero 2001 - 00:00

Unas "visitas" desarticuladas

Ulanovsky y Córdoba.
Ulanovsky y Córdoba.
Como sus hermanas, las viudas de Obaldía que lloran a «El difunto», las dos criaturas de Jorge Palant se entretienen jugando a «Las visitas».


El camino elegido vuelve a ser el del absurdo. Género endilgado a Ionesco, quien sostenía que en todo caso el absurdo era el mundo y él no hacía más que retratarlo. El «Formidable quilombo» del autor francés es una versión más intelectual de «Cambalache» pero refleja también como un espejo la realidad de cada día.

En cambio, las criaturas de Palant, como las de Obaldía, no tienen entidad, son construcciones hechas a base de palabras y situaciones sin sentido. Algo así como un juego para armar, que sólo sirve de sustento para que las actrices demuestren sus capacidades.

Esas dos mujeres que se entregan a un delirio concertado para escapar del aburrimiento pueden ser la pesadilla de cualquier director que busque «construir un personaje».

«La señora»
tiene más miga: es una hipocondríaca insatisfecha, a la caza de un orgasmo, que impulsa a su criada a desplegar el abanico de sus imaginarias aventuras sexuales a fin de satisfacer sus instintos reprimidos. En cambio la criada parece estar allí sólo para acicatear a su ama.

Y lo cierto es que en la versión de Tony Lestinghi,Yamila Ulanovsky tiene la posibilidad de desplegar sus recur-sos, imponiéndose como una verdadera revelación: tiene carisma, una flexibilidad asombrosa para los cambios y una bella voz. Pero fundamentalmente es capaz de lograr que su personaje respire cierto aire de verdad. Lo que no puede decirse de Natacha Córdoba, a la que innecesariamente se la obliga a componer una gallega.

La puesta agrega ciertos toques de suspenso, remarcados acertadamente por el diseño de luces de Alejandro Zanga.

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