«La forza del destino». Opera en cuatro actos. Lib.: F.M. Piave y A. Ghislanzoni. Mús.: G. Verdi. Dir. Mus.: G. Paganini. Dir. Coro: R. Barrera. Régie: E. Casullo. Vest.: M. Daga. Solistas, Coro y Orq. de la Casa de la Opera de Buenos Aires. (Teatro Avenida, hasta el 29/5.)
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Basada en el drama «Don Alvaro o la fuerza del sino», del Duque de Rivas Giuseppe Verdi, «La forza del destino» es una producción lírica de amplio aliento que eleva al compositor italiano a un primer plano de la operística del Ochocientos. Romántica y con una trama argumental que señala algunas de las características más salientes del principal movimiento estético y social del siglo XIX, también es una obra de la madurez musical de Verdi, tanto en la composición de los grandes cuadros épicos como en el diseño de arias de profunda intensidad emocional.
En la producción presentada ahora por la Casa de la Opera lo primero que hay que destacar es el empeño en exponer una obra compleja en más de un sentido, con los limitados recursos económicos que poseen los grupos alternativos de ópera de Buenos Aires.
Razonablemente, Eduardo Casullo creó una régie que hizo hincapié en el minimalismo escénico, centrando la atención en el trabajo actoral de solistas y coro e imágenes digitales que ambientan las distintas situaciones, que son muchas. Consiguió una buena dinámica y la narración de los hechos no tiene sobresaltos. El que si los tuvo -al menos en la función que vimos- fue el director musical, Giorgio Paganini, y lo demostró ostensiblemente en el saludo final. Salvando escollos de afinación errática y ciertas caídas rítmicas, el director trató de subrayar la pasión que surge de la partituta e hizo lo que pudo con una orquesta reducida. Adelaida Negri cantó una «Leonora» de fuste con su amplitud vocal reconocida. Leonardo López Linares construye un «Don Carlos», potente y de gran musicalidad. Alicia Cecotti, una efectiva «Preciosilla» y el tenor José González Cuevas un esforzado y, en ocasiones, eficaz «Don Alvaro», en reemplazo del anunciado Sergi Giménez Carreras, que sin explicaciones no participó de la premiére.
Hubo dos excelentes bajosbarítonos en Carlos Esquivel (Padre Guardián) y Luciano Miotto (Melitón). El Coro de la Casa de la Opera y el Coro Juvenil de Adrogué cantaron con afinación y garra los momentos de acción colectiva.
A pesar de algunos puntos vulnerables, en suma, la presente versión de «La forza del destino» merece verse.
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