La figuración crítica de Jorge Demirjian se vincula con las imágenes distorsionadas y fragmentadas en la obra de Francis Bacon (Dublín, 1909-Madrid, 1922). Seres precarios cuya angustia y debilidad se manifiestan en los rostros que se borran o diluyen sus contornos. Como Bacon, Demirjian persistió en la pintura figurativa y la preocupación por la condición humana.
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En la Argentina, en 1961, tres meses antes de la exhibición Arte destructivo, Rómulo Macció, Luis Felipe Noé, Jorge de la Vega, Ernesto Deira, Carolina Muchnik y el fotógrafo Sameer Makarius se presentaron en la Galería Peuser, con una muestra titulada «Otra figuración». La nueva figuración (término acuñado por el crítico italiano Perilli, en 1957, que el francés Michel Ragon abreviará en neofiguración, en 1961) había despuntado, después de 1945, en las creaciones de Dubuffet, el Grupo CoBrA y el mencionado Bacon. Pero en la Argentina, más allá de esa ascendencia y sus eventuales predecesores, la neofiguración adquirió también características propias, según había sucedido ya con el arte geométrico y con el informalismo.
Avanzando por el derrotero que habían abierto los informalistas, la neofiguración de los años '60 derribó los últimos prejuicios acerca de la belle peinture, el cuidado de los detalles, la unidad de la obra, la alienación creadora, con telas violentas y espontáneas pero de notable factura, ensimismadas de angustia por la fragilidad humana y teñidas, al mismo tiempo, de humor y sarcasmo.
Estos creadores establecieron sólidas diferencias con categorías similares del pasado. Quebraban los límites entre abstracción y figuración, ya que la figura real era tratada con la misma libertad que una forma abstracta. Además incorporaban técnicas y tendencias recientes en un verdadero concierto de elementos discontinuos. No se exagera al decir que los artistas pop y luego los incluidos en la nueva imagen -en la Argentina y no sólo aquí- arrancaron de aquella revaloración de la imagen, aunque asumiendo un enfoque distinto.
• Vertientes
La neofiguración no fue una receta pasajera ni un círculo vicioso, sino un foco de vertientes: Demirjian (1932) fue una de ellas. Desarticuló la imagen humana hasta separar sus miembros y volvió a reunir fragmentos dispersos, en telas y dibujos sobre atletas, deportistas y situaciones urbanas. Desde las imágenes imprecisas, casi ambiguas de sus obras de los '60, - como «De carne somos», de 1965 -, hasta las últimas telas, «Antagonía rosa» (2004), el eje ha sido siempre la figura humana, en seres estereotipados que parodian sentimientos, frustraciones y expectativas.
Estas figuras se sitúan en el espacio de la ciudad en «Personajes Urbanos», la muestra que acaba de inaugurar en Agalma.arte (Libertad 1389), galería que también se inaugura con esta muestra.
En la Argentina el psicoanálisis ha dejado buenas semillas: una de ellas tiene que ver con este nuevo emprendimiento. La muestra presenta obras realizadas en los últimos años, en las que alude a las contradicciones y tensiones, a la incomunicación y la soledad en el contexto urbano. Personajes que miran para otro lado, como en la mencionada «Antagonía rosa» o en «Por trascender», 2003; o también en figuras solitarias de espaldas, «Interior», 2000-2004. En algunas telas presenta imágenes fragmentadas de perros, como en «El fotógrafo» y «Benyi» (ambas de 2004), este último, uno de los personajes de «El sonido y la furia», la excepcional novela de William Faulkner, quien a su vez tomó ese título de un monólogo de «Macbeth» («El cuento de un idiota, lleno de sonido y furia, sin significado»). Otros personajes de Demirjian recuerdan a los del denso relato faulkneriano, seres autistas, que no se comunican; llorosos, con el espanto de la boca abierta.
Acaso como Borges, Demirjian sea uno de los artistas que acompaña con sus representaciones la desarticulación de individualidades y pertenencias de la ciudad de Buenos Aires. Sin duda, Buenos Aires no es eterna, como afirmaba Borges. Pero sí, en cambio, merece ser descubierta «con lucidez y avidez», como Borges se propuso hacerlo y como lo hace Demirjián en sus espacios y sus personajes. Demirjian residió y expuso en Milán, París, Londres y Nueva York. El Museo Nacional de Bellas Artes presentó una muestra retrospectiva, en 2002, año en el que fue distinguido con el Premio Leonardo a la Trayectoria.
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