1 de noviembre 2002 - 00:00

Veronese: "Nuestro teatro busca disenso"

Daniel Veronese
Daniel Veronese
El Periférico de objetos sigue sumando proyectos a una prolífica trayectoria iniciada hace trece años y que lo ha convertido en uno de los grupos argentinos más reconocidos en el exterior. Apenas estrenado su espectáculo «Apócrifo 1. El suicidio», la compañía que dirigen Daniel Veronese, Ana Alvarado y Emilio García Wehbi ya prepara la presentación de «La última noche de la humanidad», un espectáculo inspirado en una obra del dramaturgo austríaco Karl Krauss que fue producido y estrenado en Viena, en mayo de este año, y que se verá en enero en la sala «El callejón». El año que viene, además, el grupo empezará a trabajar junto a biólogos y científicos de diversas áreas en un Centro Intermediático que se está construyendo en la zona de Parque Patricios con el objetivo de aplicar la investigación científica al arte. A la vez, dará comienzo al montaje de una obra dedicada a Hans Christian Andersen que se estrenará en Buenos Aires en el 2004 y al año siguiente en Dinamarca. El gobierno danés eligió al Periférico de objetos junto a otros grandes directores de prestigio internacional (entre ellos Robert Wilson, Sasha Waltz y Romeo Castelucci) para conmemorar el bicentenario del autor de «La sirenita». Este diario dialogó con Daniel Veronese tras el estreno de «Apócrifo 1...», un espectáculo que ha generado las más diversas reacciones entre el público y la crítica. Como si fuera poco, Veronese tiene otras tres obras en cartel, además de su trabajo con El Periférico: «Mujeres soñaron caballos» y «Open house», escritas y dirigidas por él, y «Dramas Breves 2» del dramaturgo francés Philippe Minyana.

Periodista: ¿Qué opina de las reacciones que generó «Apócrifo 1. El suicidio»?

Daniel Veronese: Está bien que se haya producido una división de aguas. De alguna manera yo trabajo para que algo de esto se produzca. Heiner Müller hablaba de la eficacia o el éxito en el teatro y a mí, cada vez más, me interesa un teatro que pierda posibilidades de ser exitoso, que indague y profundice en cuestiones formales e ideológicas y que provoque disenso, no consenso. Tal vez este último espectáculo haya provocado más revuelo por el hecho de hablar de la Argentina, pero con «Máquina Hamlet» la gente también salía dividida. Sólo que en el '95 no se veían este tipo de espectáculos.

•Respeto

P.: Hay quienes los acusan de abusar del sin sentido o de hacer teatro pensando en el público europeo.

D.V.:
La mejor manera de respetar al público es no pensar en él y hacer sólo lo que uno cree. Esto no tiene que ver con el teatro alemán y quizás tampoco con el teatro argentino, tiene que ver con nuestra mirada «periférica» sobre el teatro. Desde «Ubú rey» hasta la fecha nunca nos pusimos a pensar si lo que hacemos le va a gustar al público o no. Al contrario sólo nos preocupa meternos en aquellos lugares que nos producen cierta incomodidad como artistas y como seres humanos. Obviamente el público nuestro fue creciendo con el tiempo pero nuestros espectáculos siempre fueron difíciles de entender y, quizás, se necesite un poco de «paciencia» para seguirlos, como señaló la crítica de Ambito, justamente. Pero, nunca nadie nos pidió que hagamos algo de determinada manera. Hasta para trabajar con Andersen nos dieron libertad absoluta. Yo me siento totalmente argentino en un país que por momentos me da vergüenza y, sin embargo, no puedo pensar en hacer un teatro que no sea argentino. Yo tengo muchas posibilidades de trabajar afuera, pero me parece que si me voy a vivir al extranjero no voy a hacer más teatro. Es el contacto con esta realidad lo que produce estos espectáculos. Algunos fueron producidos y estrenados afuera, pero después son estrenados acá y eso es lo que a mí me importa, qué le pasa a la gente con la que yo convivo y con la que mamamos esta misma realidad.

P.: Pero, es gracias a las giras y los festivales extranjeros que se aseguran la continuidad de su compañía...


D.V.:
Sí, y sobre todo ahora. Pero ya estoy muy cansado de viajar y trato de salir lo menos posible de gira. Está bueno ir afuera y confrontar con otros grupos, pero yo hago teatro acá y la verdadera discusión ideológica y estética se produce en el país de uno. Es más tengo muchas ganas de viajar por el Interior. Pero es muy difícil vivir de eso y no sé cómo hacerlo.

P.: Muchos elencos desearían estar en su lugar.


D.V.:
Las giras son muy agotadoras y encima tenés que cruzar el Atlántico. No es que estamos un mes en Europa y hacemos diez funciones, es al revés, estamos diez días y damos 20 funciones. Quizás no tanto, pero casi no tenemos días libres. Llegás, armás la escenografía, das la función y seguís. No tenés tiempo de visitar nada. Hemos pasado por muchos festivales y está bueno el intercambio pero eso se termina, pasa. Acá, en cambio, el debate con el público no se acaba nunca.

P.: Usted sigue trabajando para el Festival Internacional de Teatro de Buenos Aires ¿Cómo va eso?


D.V.:
No puedo anticipar nada. Sólo que ya estamos trabajando sobre la programación internacional sin saber qué va a pasar el año que viene. No podemos esperar a las elecciones porque un festival se prepara con un año y medio de anticipación. Este va a ser muy distinto de los anteriores y va a depender mucho de la ayuda que aporten las embajadas e instituciones extranjeras.

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