Una de las torturas a las que someten sus «amigos» al desdichado protagonista
de «Virgen a los 40 años», comedia que busca hacer reír del modo más directo
posible, y lo consigue.
«Virgen a los 40 años» (The 40 Year-Old Virgin, EE.UU., 2005, habl. en inglés). Dir.: J. Apatow. Guión: J. Apatow y S. Carell. Int.: S. Carell, P. Rudd, C. Keener, R. Malco.
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En la línea de «Los rompebodas» - todavía en cartel y con éxito- este film que marca el debut protagónico del buen comediante estadounidense Steve Carell (el mismo que, con una sola escena, casi le roba la película a Jim Carrey en «Todopoderoso»), es una sucesión de sketches, algunos realmente muy graciosos. Otros son guarros pero graciosos y otros son guarros a secas. Andy (Carell) vive en un mundo de juguetes de colección y videojuegos, vale decir todo lo que necesita para entretenerse un niño o adolescente de hoy. El detalle es que Andy tiene 40 años, y ese afán de entretenimiento pueril acaso provenga de otro detalle: jamás ha tenido sexo, lo que no parece acarrearle mayores inconvenientes que una erección perpetua, hasta que tres de sus compañeros de trabajo se enteran de su secreto y se proponen solucionarle el problema.
En esta primera parte abundan los chistes de oficina sobre la anatomía femenina, las maneras de abordar mujeres («buscá perras borrachas» le aconseja uno de sus nuevos amigos en una fiesta) y otros asuntos adyacentes. Esta parte también depara la escena más repugnante, a cargo justamente de una «perra borracha», que Andy tiene la mala suerte de seducir. A decir verdad, Andy no sólo no tiene suerte con sus conquistas (cuando no le está cayendo alguna inmundicia encima, se le viene encima su poco agraciada jefa), sino que tiene que vérselas con un trío de «realizados» con más traumas sexuales y afectivos que él. Por fortuna, aparece una mujer más vestida y menos desaforada que las que le señalan sus amigos y tal vez Andy pueda encontrar en ella la unión de sexo y amor. Claro que eso tampoco le será tan fácil.
Agil y bien actuada, «Virgen a los 40 años» no es un dechado de elegancia ni de corrección política (los muchachos son bastante homofóbicos, por ejemplo) y su mayor problema es que a fuerza de querer encerrar un gag en cada escena, a veces el montaje parece hecho a dentelladas. Pero ésos son reproches sofisticados para un producto que sólo busca hacer reír del modo más directo posible, y lo logra. El bonus final, con esa recreación kitsch de una famosa canción de los '80 no aporta demasiado, pero es simpática.
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