Mons. Alfredo Zecca y otros «Recrear el humanismo Cristiano» (Bs.As., Ed. San Pablo, 2005, 213 págs.)
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La tradición judeo-cristiana se inicia con el libro primero de la Biblia, el Génesis, en el que arranca la visión Occidental del mundo y de la vida que, con variantes, ha regido hasta nuestros días. Dos mandatos da el Creador al hombre: Sed fecundos y multiplicaos y Dominad la tierra y sometedla , acto seguido lo bendijo y lo puso en el Eden para que lo trabajara, es decir que el trabajo no fue un castigo sino una acción santificante, bendita, antes de la caída, señala Orlando Ferreres en el libro Recrear el humanismo cristiano. Obra que contiene artículos del rector de la UCA y de varios otros. En Visión desde la Economía Orlando Ferreres, analiza de modo muy diferente las relaciones entre economía y destino del hombre, compatibles con la fe cristiana y con las enseñanzas de la Iglesia, a través de sus encíclicas, devolviendo el optimismo sobre nuestro recorrido en la tierra. Con el análisis de la largas series de la época de Cristo al presente, se demuestra con fundamento firme unan evolución muy positiva de la condición humana en el aspecto económico, de la cual muchas veces no tenemos conciencia, al mirar la coyuntura o, a lo sumo, unos pocos años en el análisis económico. Ferreres presenta un análisis distinto del que suele verse en este tipo de libros, porque a su formación intelectual suma experiencia concreta con los grandes temas económicos por su trabajo en el sector privado y como Viceministro de Economía de la Nación. Gracias a la mejor organización económica, a la aplicación del conocimiento a la producción, a la mayor disponibilidad de recursos de capital, se fue mejorando la calidad de vida del Hombre sobre la tierra, como aparece resumido en el cuadro.
Las consecuencias de esas mejoras económicas fueron reducción de la mortalidad infantil y de las enfermedades, hambrunas y demás catástrofes por las que atravesó la humanidad en su largo recorrido.Como consecuencia de que esa mejora económica no quedó en pocas manos, la esperanza de vida promedio creció de 24 años en la época de Cristo a los 66 años en la actualidad, con países con 81 años como Japón o Europa Occidental. Si esa mejora hubiera quedado en pocas manos, un pequeño grupo de elegidos duraría hasta los 90 años y el resto se moriría a los 24, pero no fue así y es algo que debe recordarse, pues el mundo parece olvidarlo o las ideologías quieren olvidarlo.
China, que siempre representó mas de 1/3 del producto mundial, al acelerarse el crecimiento del mundo occidental a partir de 1820 con aplicación de los conocimientos, siguió en su forma tradicional, cayó en producción y calidad de vida y llegó a representar sólo 5 % del producto mundial en 1950. Finalmente decidió cambiar y aplicar tecnología y capitales occidentales y con ese nuevo modelo está creciendo al 9 % anual promedio en los últimos 30 años y ya recuperó una parte de lo perdido pues representa ahora el 11% de la economía mundial. La pregunta de Ferreres es ¿podemos quedarnos fuera de las corrientes de modernización y atrasarnos permanentemente respecto del promedio mundial, como hicimos en los últimos 100 años por querer experimentar nuestras propias recetas, sin acudir a lo que da resultado económico en el mundo? S.H.M.
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