8 de septiembre 2005 - 00:00

"Vuelo nocturno"

Vuelo nocturno combina las reglas del terror con las del thriller, para un argumentoconvencional que empieza a mejorar en la mitad y termina de atrapar en un final de suspenso y acción.
"Vuelo nocturno" combina las reglas del terror con las del thriller, para un argumento convencional que empieza a mejorar en la mitad y termina de atrapar en un final de suspenso y acción.
«Vuelo Nocturno» (Red Eye, EE.UU., 2005, habl. en inglés) Dir.: W. Craven. Int.: R. McAdams, C. Murphy, B. Cox.

Wes Craven es un experto en cine de terror. El thriller tiene otras reglas y Craven las combinó muy bien con el horror de «Scream». Pero en «Vuelo nocturno» el padre de Freddy Krueger intenta un juego demasiado convencional: un simulacro de romance en un aeropuerto, seguido de una claustrofóbica situación de chantaje y complots criminales varios a bordo de un avión, hasta un desenlace de verdadero suspenso y acción desenfrenada que es la que hace valer la entrada al cine.

En una película de tan sólo 85 minutos de duración, la proporción entre momentos que funcionan más o menos y los que sí resultan realmente contundentes no es demasiado favorable. Con una premisa de secuestro casi igual de débil, un film como «Celular» podía mantener el suspenso y la acción a lo largo de toda la película. Aquí en cambio Craven intenta empezar las cosas de un modo clásico, con una bella mujer (Rachel McAdams) conociendo de un modo casual a un desconocido en un aeropuerto lleno de habituales problemas con el clima y vuelos demorados.

Como el presunto galán es Cillian Murphy, nada menos que el villano Espantapájaros de «Batman Inicia», no hace falta decir que ni la protagonista termina de creer el romance en ciernes. Con lo que pasamos al complot criminal propiamente dicho que recién se revela en el vuelo nocturno: el desconocido tiene secuestrado al padre de la hermosa mujer (encarnado por Brian Cox) y si ella no lo ayuda a matar a un importante funcionario, la dejará huérfana.

El juego del gato y el ratón a bordo del avión tiene sus momentos entretenidos -como los encierros de la pareja en el baño- pero no es mucho lo que pueden hacer a bordo sin revelarse ante los demás pasajeros y la tripulación, por lo que para que la acción despegue, irónicamente hay que esperar a que el avión aterrice. Ahí ya todo está todo hasta el final, pero como pasó una hora de película la sensación es la de un buen film de bajo costo que da más para ver en cable que en pantalla grande.

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