La FIFA convirtió al Mundial 2026 en un negocio sin precedentes. La venta de entradas y los servicios de hospitalidad generaron alrededor de u$s5.100 millones durante la Copa del Mundo organizada por Estados Unidos, México y Canadá. La cifra representa más de cinco veces los u$s929 millones recaudados por los mismos conceptos en Qatar 2022.
El salto también excedió las estimaciones presupuestarias de la entidad, que había proyectado ingresos por u$s3.300 millones procedentes de las ventas de entradas y la hospitalidad. Los ingresos totales vinculados con el torneo alcanzaron los u$s15.000 millones, un 36% por encima de los u$s11.000 millones previstos antes de la competencia.
El resultado consolida a la Copa del Mundo como uno de los activos comerciales más importantes del deporte global y refuerza la capacidad de la FIFA para monetizar un evento que reúne audiencias internacionales, patrocinadores, derechos audiovisuales y una demanda extraordinaria de entradas.
El nuevo formato y los precios dinámicos impulsaron la recaudación
La expansión del Mundial fue uno de los factores que explican el crecimiento. La edición de 2026 incorporó por primera vez a 48 selecciones y elevó el calendario a 104 partidos, frente a los 64 encuentros de Qatar 2022. Son 40 partidos adicionales, un incremento del 62,5% que amplió las oportunidades de comercializar localidades, paquetes corporativos y experiencias prémium.
Pero el aumento de la oferta no fue el único motor del negocio. La FIFA también implementó un esquema de precios dinámicos, con valores que variaron según la demanda de cada encuentro. El sistema permitió capturar una mayor disposición a pagar en los partidos más atractivos, aunque despertó cuestionamientos por el encarecimiento del acceso al torneo.
La hospitalidad de alta gama constituyó otro de los pilares comerciales. Entre las experiencias más exclusivas se ofrecieron paquetes con servicios especiales y acceso a espacios prémium, incluido el denominado Salón del Trofeo, con precios que llegaron a u$s34.500 por persona.
La venta de boletos y los paquetes de hospitalidad dura nrte el Mundial generaron ingresos muy superiores a los previstos por el organismo que preside Gianni Infantino.
X
El mercado secundario también tuvo un papel relevante. La plataforma oficial de reventa permitió a los aficionados ofrecer sus entradas a otros compradores, incluso a precios muy superiores a los originales. Con este modelo comercial, la FIFA llegó a percibir comisiones del 15% tanto del comprador como del vendedor, lo que supone un 30% combinado por operación. Ese esquema se convirtió en una fuente adicional de ingresos, aunque generó críticas por el costo final para los hinchas.
La política de precios provocó el rechazo de organizaciones de aficionados. La Football Supporters Association, de Inglaterra, cuestionó los valores establecidos, mientras que Football Supporters Europe calificó la política comercial de la FIFA como "extorsiva» y una "traición monumental"a los seguidores.
La escala de los precios también quedó reflejada en las publicaciones del mercado secundario, donde aparecieron ofertas por entradas para la final superiores a los u$s2 millones.
Un negocio de u$s15.000 millones y una nueva distribución de fondos
La FIFA no confirmó oficialmente la recaudación de u$s5.100 millones informada por The Times. Ante la consulta del periódico, el organismo señaló que los ingresos definitivos del Mundial se publicarán en su próximo informe anual, una vez completadas las auditorías correspondientes.
Si bien la FIFA no confirmó oficialmente la recaudación de u$s5.100 millones y señaló que los ingresos definitivos del Mundial se publicarán en su próximo informe anual, una vez completadas las auditorías correspondientes, destacó que el torneo comercializó 6,81 millones de entradas y que más de 100.000 localidades estuvieron disponibles a un precio de u$s60, incluidas más de 1.000 para la final. También defendió el destino de los recursos generados por la competencia, al sostener que permitirán ampliar el financiamiento destinado a sus 211 federaciones miembro.
En esa línea, la FIFA presentó ante su Consejo el FIFA Surplus Solidarity Programme, una iniciativa que propone utilizar parte de las reservas del organismo para elevar a u$s6.350 millones los fondos previstos para el período 2027-2030, más del doble de lo contemplado originalmente.
El reparto de premios deportivos ofrece otra referencia sobre la dimensión económica del campeonato. La FIFA destinó u$s655 millones a las 48 selecciones participantes. España, campeona del torneo, recibió u$s50 millones por el título, además de u$s1,5 millones adicionales para la preparación del equipo.
La diferencia entre los ingresos globales y los premios distribuidos evidencia la magnitud del negocio centralizado en el organismo rector: los u$s655 millones destinados a las selecciones equivalen a alrededor del 4,4% de los u$s15.000 millones de ingresos totales estimados. La comparación no representa el reparto completo de los recursos, ya que no contempla otros costos, inversiones y programas de la FIFA.
El impacto económico también trascendió las cuentas de la organización. Un informe promovido por la propia FIFA estimó una inyección de u$s30.500 millones en la economía estadounidense. Al mismo tiempo, algunas ciudades anfitrionas reclamaron pagos que, según sus comités organizadores, habían sido comprometidos y todavía estaban pendientes.
El Mundial 2026 mostró así dos caras del mismo fenómeno: una expansión comercial que llevó la facturación a niveles inéditos y una discusión creciente sobre el precio que deben pagar los aficionados, la distribución de los ingresos y los beneficios que reciben los actores involucrados. Con una recaudación por entradas y hospitalidad que habría superado los u$s5.000 millones, la FIFA reforzó el peso de la Copa del Mundo como una de las mayores plataformas de generación de ingresos de la industria deportiva.