23 de enero: el día en el que Ernest Hemingway sobrevivió a dos accidentes aéreos, en menos de 24 horas

El escritor estadounidense estaba en el mejor momento de su carrera: acababa de ganar el Pulitzer y, meses después, recibiría el Premio Nobel de Literatura.

Los diarios internacionales dieron por muerto a Hemingway durante varios días después del accidente. 

Los diarios internacionales dieron por muerto a Hemingway durante varios días después del accidente. 

El 23 de enero de 1954, Ernest Hemingway protagonizó uno de los episodios más extraordinarios de su vida: sobrevivió a dos accidentes aéreos en menos de 24 horas en Uganda, durante un viaje junto a su esposa Mary Welsh.

El primero ocurrió mientras sobrevolaban las cataratas Murchison; el segundo, al día siguiente, cuando intentaban abandonar la zona heridos. Las consecuencias físicas fueron graves y permanentes, y durante varias horas la prensa internacional, incluso, dio por muerto al escritor.

El episodio ocurrió en un momento clave de su carrera: acababa de ganar el Premio Pulitzer por "El viejo y el mar" y, meses después, recibiría el Nobel de Literatura.

Ernest Hemingway

El aniversario de un milagro imposible: ¿cómo sobrevivió a dos caídas en 24 horas?

El primer accidente ocurrió la mañana del 23 de enero de 1954. Hemingway y Mary Welsh habían alquilado una avioneta Cessna para realizar un vuelo panorámico sobre las cataratas Murchison, en el norte de Uganda.

Durante el trayecto, el piloto intentó esquivar una bandada de aves de gran tamaño y, en la maniobra, perdió estabilidad, impactó contra un cable telegráfico y se estrelló cerca del río Nilo.

El transporte quedó destruido, Hemingway sufrió una lesión severa en el hombro y múltiples golpes, y Mary Welsh se fracturó dos costillas. Los tres ocupantes sobrevivieron pero quedaron incomunicados en una zona selvática sin acceso inmediato a asistencia médica.

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Pasaron la noche allí hasta que, al día siguiente, una embarcación que navegaba el Nilo los trasladó a un poblado cercano con una pista de aterrizaje rudimentaria.

Es así como, el 24 de enero, abordaron otro avión con destino a Kampala. Minutos después del despegue, la aeronave cayó a tierra y se incendió.

Todos los pasajeros lograron escapar excepto el escritor, que quedó dentro del fuselaje en llamas. Consiguió salir forzando una puerta atascada, golpeándola con el cuerpo. Como resultado, sufrió quemaduras de tercer grado en brazos y rostro, fracturas vertebrales, una lesión craneal y hemorragias internas. Y, contra todo pronóstico, sobrevivió nuevamente.

Ernest Hemingway

"Hemingway ha muerto": el error de los diarios que el escritor leyó con una sonrisa

Después de conocerse el primer accidente, y sin información clara desde África, varios medios internacionales publicaron que Ernest Hemingway y su esposa habían muerto. Algunos diarios llegaron incluso a preparar obituarios, dando por concluida su vida.

La noticia era verosímil: se trataba de un avión pequeño, caído en una región remota, con heridos graves y sin comunicación.

Cuando se confirmó que estaba vivo, el propio escritor tomó conocimiento de esos artículos durante su convalecencia en un hotel en Venecia. Lejos de mostrarse indignado, reaccionó con ironía. En una carta escrita a mano desde su lecho de recuperación, mencionó con sarcasmo: “Para ellos, valgo más vivo que muerto. Y en este momento, estoy tratando de vivir”.

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Del lujo al desastre: el safari que terminó en llamas y matorrales

El viaje a África había sido planeado como una combinación de descanso y aventura. Hemingway era un visitante habitual del continente y un apasionado de la caza. Además, el safari incluía la intención de visitar a su hijo Jack, que residía en Tanzania.

El contexto profesional también era favorable: en 1953 había ganado el Pulitzer y en 1954 recibiría el Nobel de Literatura por el conjunto de su obra. Sin embargo, el doble accidente transformó el viaje en una experiencia traumática.

Las lesiones sufridas condicionaron seriamente su salud, ya que las fracturas en la columna, las quemaduras y los golpes en la cabeza dejaron secuelas permanentes.

A partir de entonces, Hemingway padeció dolores crónicos, migrañas intensas y un deterioro físico progresivo. Muchos médicos vincularon esos síntomas directamente con lo sucedido en Uganda.

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El mito del hombre que no podía morir (hasta que él lo decidió)

Hemingway había estado cerca de la muerte desde joven. En 1918 fue herido gravemente durante la Primera Guerra Mundial, experiencia que marcó su obra. A lo largo de su vida acumuló accidentes, enfermedades y conductas de alto riesgo que alimentaron su imagen de hombre resistente e indestructible. Y, el doble accidente aéreo de 1954 consolidó ese mito.

Sin embargo, también marcó el comienzo del final: las secuelas físicas se sumaron al alcoholismo, la depresión, la diabetes y la hipertensión. En los años siguientes, su estado mental se deterioró. Incluso, fue internado y sometido a tratamientos con electroshocks.

En la madrugada del 2 de julio de 1961, diecinueve días antes de cumplir sesenta y dos años, se suicidó en su casa de Ketchum, Idaho con una escopeta Boss, calibre doce.

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