Cada 4 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Obesidad, una fecha impulsada para poner en agenda una enfermedad crónica que crece de forma sostenida y ya afecta a más de 1.000 millones de personas en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
4 de marzo, Día Mundial de la Obesidad: claves para bajar de peso y mantener una vida saludable, según expertos
Más de 1.000 millones de personas en el mundo viven con esta enfermedad, incluyendo 1 de cada 3 niños y adolescentes en América Latina y el Caribe.
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La obesidad eleva el riesgo de diabetes tipo 2, hipertensión y enfermedades cardiovasculares.
Lejos de tratarse de una cuestión estética, está asociada a mayor riesgo de diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, hipertensión, ciertos tipos de cáncer y muerte prematura.
Los datos son contundentes. De acuerdo con el organismo internacional, su prevalencia se triplicó desde 1975. En la actualidad, el 43% de los adultos tiene sobrepeso y más de 890 millones viven con obesidad.
En América Latina, la situación es aún más preocupante: cerca del 60% de la población mayor a 18 años, y 1 de cada 3 niños y adolescentes atraviesa la misma condición.
Especialistas en nutrición y salud pública coinciden en que el problema no puede explicarse solo por decisiones individuales. La disponibilidad de alimentos ultraprocesados, el sedentarismo, el estrés, el poco descanso y las desigualdades sociales influyen de manera directa.
Por eso, el abordaje requiere estrategias que combinen prevención, acceso a tratamientos adecuados y políticas públicas que faciliten elecciones más saludables.
Día Mundial de la Obesidad: por qué se celebra el 4 de marzo
El 4 de marzo fue establecido como jornada internacional por la Federación Mundial de la Obesidad con el objetivo de generar conciencia sobre el impacto de esta enfermedad, la cual forma parte de los principales desafíos sanitarios del siglo XXI.
La fecha, originalmente se celebraba el 11 de octubre hasta el 2020, busca visibilizar que se trata de una condición crónica, metabólica y progresiva, con causas múltiples: genéticas, biológicas, ambientales, psicológicas y socioeconómicas.
La OMS la define como una acumulación excesiva de grasa corporal que puede perjudicar la salud. El diagnóstico se realiza principalmente a través del índice de masa corporal (IMC) y la medición de la circunferencia de cintura, ya que está especialmente vinculada con mayor riesgo cardiovascular y resistencia a la insulina.
El crecimiento en las últimas décadas encendió las alarmas. En 1990, uno de cada cuatro adultos tenía sobrepeso; hoy esa proporción supera el 40%.
En niños y adolescentes la tendencia también es ascendente: más de 390 millones de personas de entre 5 y 19 años presentan exceso de peso (datos de la OMS de 2022), y los casos de obesidad infantil se cuadruplicaron desde 1990.
En América Latina y el Caribe, el sobrepeso alcanza a casi el 60% de los adultos y al 33% de niños y adolescentes, de acuerdo con información de la Organización Panamericana de la Salud (OPS).
Su incidencia en las infancias aumenta el riesgo futuro de infarto o ACV, y puede provocar hipertensión, alteraciones en los lípidos y diabetes tipo 2 a edades cada vez más tempranas.
Los expertos insisten en que la obesidad no es falta de voluntad. Los entornos actuales, con abundancia de productos ultraprocesados, largas jornadas sedentarias y alto consumo de pantallas, dificultan sostener hábitos saludables.
Por eso, la fecha apunta a promover acciones colectivas y a reducir el estigma, que muchas veces retrasa la consulta médica.
"Necesitamos una ley de obesidad para que todos aquellos que requieren tratamiento, tengan tratamiento nutricional psicológico, fármacos, y cirugía", dice la doctora Mónica Katz, médica especialista en Nutrición (UBA) y Directora del Posgrado de Nutrición Clínica de la Universidad Favaloro a "Clarín".
Claves para mantener una vida saludable y sin obesidad
Alimentación equilibrada y consciente
Priorizar frutas, verduras, legumbres, cereales integrales, frutos secos y proteínas magras es la base de una dieta saludable. Reducir el consumo de productos ultraprocesados, bebidas azucaradas, sal, snacks y comidas rápidas ayuda a disminuir la ingesta calórica excesiva y mejorar la calidad nutricional.
También es importante prestar atención a las porciones: servir la comida en platos y evitar comer directamente del envase para registrar mejor cuánto se consume. Comer sin pantallas favorece la conciencia.
Hidratación adecuada
El agua debe ser la bebida principal, ya que muchas veces la ingesta elevada de calorías proviene de gaseosas, jugos industrializados o bebidas energéticas.
Movimiento diario
La actividad física es una herramienta central tanto para prevenir como para tratar la obesidad. Realizar al menos 30 minutos de ejercicio moderado por día, caminar a paso ligero, andar en bicicleta, nadar o bailar, mejora la sensibilidad a la insulina, reduce la presión arterial y fortalece el sistema cardiovascular.
La combinación más efectiva incluye ejercicios aeróbicos y de fuerza. Entrenar los principales grupos musculares entre dos y cuatro veces por semana ayuda a mantener masa y acelera el metabolismo. Las personas físicamente activas tienen hasta un 30% menos de riesgo de mortalidad que quienes llevan una vida sedentaria.
Dormir bien y reducir el estrés
El descanso insuficiente altera hormonas relacionadas con el apetito, como la leptina y la grelina, lo que favorece el aumento de peso. Dormir entre siete y ocho horas por noche contribuye al equilibrio metabólico.
El manejo del estrés también es clave, ya que muchas veces se asocia al llamado "hambre emocional".
Menos pantallas
En niños y adolescentes, limitar el tiempo frente a dispositivos a menos de dos horas diarias y fomentar el juego activo es fundamental. La obesidad infantil duplica el riesgo de hipertensión y diabetes y aumenta un 40% la probabilidad de enfermedades cardiovasculares en la adultez.
Consulta profesional y tratamiento integral
El abordaje debe ser personalizado. Puede incluir acompañamiento nutricional, apoyo psicológico, tratamiento farmacológico y, en casos específicos, cirugía bariátrica. Los especialistas remarcan que la medicación no reemplaza los cambios de hábitos, sino que los complementa.
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