20 de febrero 2004 - 00:00

4 vuelos

Néstor Kirchner quiere anunciar en su discurso del 1 de marzo al Congreso el inicio de vuelos entre Buenos Aires y Malvinas de compañías aéreas argentinas. La inclusión en su mensaje se mantiene en secreto en el gobierno. El Presidente quiere mostrar con ese golpe de efecto un triunfo de la política exterior de su gobierno. Triunfo que no pudo conseguir Carlos Menem con su estrategia de seducción. Habrá 4 vuelos, de los cuales dos comenzarán cuando se inaugure en las islas el monumento a los caídos en combate.

4 vuelos
Para el discurso del próximo 1 de marzo, Néstor Kirchner se dispone a incorporar como secreto triunfo de su política exterior el anuncio de que compañías aéreas argentinas realizarán vuelos entre Buenos Aires y Malvinas (Puerto Argentino). Triunfo, obvio, frente a la política anterior de Carlos Menem, quien intentó sin éxito ese permiso de Londres apelando a una política de seducción (hasta regalarles ositos peluches a los isleños). Y esa victoria sobre los británicos, para el orgullo personal del mandatario, se apoya en esa forma confrontativa e intolerante de la cual gusta hacer gala. Porque al fin Gran Bretaña accede a los vuelos argentinos luego que el Presidente bloqueara en noviembre pasado los cada vez más crecientes charters turísticos que realizaban los chilenos al archipiélago. Ahora se reanudan las travesías de LanChile (unos 900 mil dólares por mes, se calculaba); también desde Montevideo, y se incorporan las locales, casi seguramente Southern Winds como vehículo de la estatal LAFE y tal vez Aerolíneas Argentinas.

• Lo acordado

El nuevo acuerdo, entonces, es el siguiente: 1) desde el continente argentino habrá 4 nuevos vuelos (se consideraban no menos de 6 en el acta final, aunque la Argentina había pedido 20); 2) empezarán, como fecha límite, con la inauguración del monumento a los caídos en las islas (un cenotafio en Darwin, cuya estructura de 200 toneladas de hierro y cemento parte hoy desde Campana); 3) el tráfico aéreo entre chilenos y Malvinas se autoriza hasta fin de año, fecha en que los países se volverán a reunir para considerar la situación.

Esto lo acordaron el martes pasado Rafael Bielsa y el vicecanciller británico, Bill Rammell, una forma de descomprimir la complicada relación de las dos naciones, especial-mente desde la llegada de la administración Kirchner. Ahora resta satisfacer condiciones no menores. Por un lado, el respaldo o no de los kelpers a este acuerdo que, a pesar de las expresiones del canciller argentino -«no me interesa la opinión de esos 3.000 súbditos británicos»-, gravitan a la hora de las decisiones. Se supone que los fondos generados por el futuro negocio les despertará la tentación a los isleños, quienes hoy padecen objeciones desde Londres por los enormes subsidios que reciben. Aun así, esta gente (¿los del Sur deben de ser todos así?) estaba para la pelea y había amenazado a la Argentina con conceder futuros permisos de pesca por 25 años -cuando hoy sólo lo hace por 365 días- como represalia por el impedimento argentino de noviembre.

Otra cuestión a resolver es la forma en que ingresarán en Malvinas los ministros argentinos -al menos, ellos- que visiten las islas con ocasión del estreno del monumento (aún sin fecha). Bielsa y José Pampuro ya han dicho que no aceptarán que los británicos les sellen el pasaporte en el aeropuerto y quizás, como alternativa, ingresen con una tarjeta blanca como si estuvieran de «tránsito». La lectura final del pacto será, para la Argentina, una conquista diplomática (o soberana) y, para Gran Bretaña, una concesión humanitaria para los familiares de los caídos en las islas en 1982. En rigor, ambos esconden otra realidad: se afanan por el incesante fluido turístico de la zona, ventaja económica hoy en desarrollo por el ida y vuelta de charters aéreos y cruceros. En suma, se trata de un negocio.

• Cercanía

Si todo sale bien, también habrá que agradecerle a España la gestión encomendada por Bielsa para que interceda ante Londres, finalmente su asociado en la guerra de los Estados Unidos con Irak. Lo que revela una cercanía notable de Buenos Aires con ese trío de Estados. Esa intimidad, sin embargo, no ahorró prevenciones de Rammell en su última visita, quien aparte del acuerdo también les hablaba a las autoridades económicas con una particularidad en la que nadie sabía si preguntaba o imponía lo siguiente: «¿Es cierto que van a pagar los 3 mil millones de dólares al FMI?» o «Es cierto que van a pagar los 3 mil millones de dólares al FMI».

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