1 de agosto 2006 - 00:00
90 años del instituto que derrotó a la polio
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En 1991, el caso de Luis Fermín Tenorio Cortez, un niño peruano que logró recuperarse de la polio aunque no pudo evitar las secuelas de la parálisis muscular, fue el último reportado en América.
Eugenia Sacerdote de Lustig, médica investigadora emérita del Conicet y de la UBA, tiene 95 años y es clave en la historia de la investigación de esta enfermedad, fue quien introdujo los cultivos celulares en nuestropaís, indispensables para el diagnóstico virológico. En 1954, estando a cargo del Departamento de Virología del Malbrán, el Ministerio de Salud Pública la convocó para encarar la epidemia. «Yo estaba en continuo peligro de contagio. Me enviaron a los Estados Unidos y a Canadá para estudiar la vacuna Salk. Y, al volver, lo primero que hice fue vacunar a mis hijos y entonces muchos se animaron a vacunar a los propios», recordó ayer durante su participación en la mesa de expertos históricos reunidos en el marco de los festejos institucionales.
El ministro de Salud, Ginés González García, que ponderó «lo que el Malbrán investiga, lo que produce y lo que diagnostica», también participó ayer del acto central en dicho establecimiento. «De la polio recuerdo que mi familia decidió dejarme en Mar del Plata para evitar que me contagiara en Buenos Aires, y desde ahí odio el alcanfor y la pobre ciudad balnearia», acotó González García al cerrar en panel, y aprovechó para anunciar que en los próximos días se pondrá en marcha el plan nacional de vacunación contra la rubeola, con el objeto de inocular a 7.500.000 habitantes.
El Programa Nacional de Erradicación de virus Polio funciona en el ámbito del Ministerio de Salud de la Nación, que trabaja desde mediados de 1980 en forma conjunta con el laboratorio del Malbrán y con el resto del país y la OPS/OMS. «No es imposible que suceda lo que ocurrió recientemente en Namibia, pero el sistema de vigilancia está alerta, y nuestro país tiene una larga historia de vacunación antipoliomielítica que se inició a mediados de los 70», apuntó la doctora Freire, que ayer coordinó el panel de expositores.
Desde 1987, rige en todos los países de América un Programa de Erradicación con pautas comunes, al tiempo que una red de laboratorios regionales para vigilar la circulación del virus polio. En el Cono Sur y Bolivia, el centro de referencia es el Servicio de Neurovirosis del Instituto Carlos Malbrán.
En la red que encabeza el Malbrán se desarrollan y promueven el conocimiento de agentes microbiológicos en patologías humanas, se planifica y organiza la producción de sueros, vacunas y reactivos, y se realizan investigaciones y monitoreos de los parámetros de salud-enfermedad de la población.
Además, es fundamental su actividad en cuanto a la vigilancia, la prevención y el control de las enfermedades prevalentes, y para responder a los nuevos desafíos epidemiológicos en el hemisferio, tales como la temida gripe aviar e influenza pandémica.
El instituto reconoce antecedentes en la Oficina Sanitaria Argentina, creada en 1893, con Malbrán a cargo de la sección Bacteriológica. En 1904, se puso la piedra fundamental del que es ahora el enorme predio de Vélez Sarsfield al 500, en el porteño barrio de Barracas, y recién en 1916 se deja formalmente inaugurado el flamante organismo.
Por entonces, con Rodolfo Kraus como primer director, el nuevo establecimiento se denominó Instituto de Bacteriología, Química y Vacuna Antivariólica. En 1941, por decreto presidencial, toma el nombre de Carlos Malbrán, y en 1951, ya como ente autárquico, pasó a llamarse Instituto Nacional de Microbiología.



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