A 50 años de la última dictadura militar, la Iglesia advierte sobre el avance del autoritarismo y ratifica el "Nunca Más"

El Episcopado alertó por la polarización, la violencia en el debate público y la exclusión social en la Argentina actual.

La Conferencia Episcopal Argentina ratificó el “Nunca Más” y advirtió sobre el avance del autoritarismo.

La Conferencia Episcopal Argentina ratificó el “Nunca Más” y advirtió sobre el avance del autoritarismo.

El mensaje, difundido por la Comisión Permanente del Episcopado en el marco del 24 de Marzo, combina memoria histórica y diagnóstico del presente. Sin mencionar de forma directa al gobierno de Javier Milei, los obispos plantearon una crítica transversal al clima político y social, con foco en el deterioro del debate público.

Un “Nunca Más” que interpela el presente

El documento define al período 1976–1983 como “una oscura noche” marcada por el terrorismo de Estado y reafirma una condena sin matices: “Hoy decimos de manera rotunda: «nunca más» a la violencia de la dictadura y «siempre más» a una democracia justa”.

260310 - Mensaje de la Comisión Permanente. «Nunca más» a la violencia de la dictadura y «siempre más» a una democracia justa

La Iglesia sostiene que la memoria debe ir más allá de la conmemoración y convertirse en una herramienta para actuar en el presente. En esa línea, introduce el concepto de “memoria íntegra y luminosa”, inspirado en el pensamiento del papa Francisco, como base para comprender el pasado sin simplificaciones.

“Nunca se avanza sin memoria, no se evoluciona sin una memoria íntegra y luminosa”, señala el texto, que también llama a “mantener viva la llama de la conciencia colectiva”.

Críticas al clima político y al lenguaje

El pronunciamiento se vuelve más contundente al analizar la actualidad. Allí aparece una de las definiciones más fuertes del documento: “Vivimos una época con una tendencia creciente al autoritarismo; un tiempo en que los populismos de distinto signo explotan la angustia de los ciudadanos, pero no representan el remedio de una vida buena”.

El Episcopado advierte además sobre una lógica social basada en la confrontación: “Tenemos que volver a elegir el diálogo para abordar los conflictos y los desacuerdos, sin caer en polarizaciones estériles. ¡Del insulto de cada día al que piensa distinto, líbranos, Señor!”

En ese sentido, alerta sobre la naturalización de la violencia en distintos ámbitos: “No podemos naturalizar la violencia en las redes sociales, en nuestros barrios, en el Congreso de la Nación”.

Javier Milei enojado en el congreso
“No podemos naturalizar la violencia en las redes sociales, en nuestros barrios, en el Congreso”, afirmaron.

“No podemos naturalizar la violencia en las redes sociales, en nuestros barrios, en el Congreso”, afirmaron.

Exclusión social y rol del Estado

El documento también pone el foco en la situación social y cuestiona una democracia que no logra integrar a toda la población. “La democracia se envilece cuando deja a alguien afuera”, señalan los obispos, en referencia a la pobreza, la fragilidad del trabajo y la vulnerabilidad de amplios sectores.

En este punto, la Iglesia reivindica el rol estatal al plantear la necesidad de una “presencia inteligente y eficiente del Estado que vele por la dignidad de las personas”.

Memoria, política y desafíos actuales

A medio siglo del golpe, el mensaje eclesiástico evita quedar atrapado únicamente en el pasado y propone usar la memoria como punto de partida para reconstruir la convivencia democrática.

Sin entrar en la disputa política directa ni en el debate sobre la interpretación de los años setenta, el documento fija una posición clara: la democracia debe sostenerse en el respeto, la inclusión y el diálogo.

“La democracia prohíbe rotundamente la eliminación del adversario”, afirma el texto, que cierra con una advertencia implícita sobre el presente: sin consenso básico sobre esos valores, el sistema corre el riesgo de debilitarse.

De esta manera, la Iglesia busca reordenar el debate público en un contexto atravesado por la confrontación, recordando que el “Nunca Más” no es solo una consigna histórica, sino un principio vigente para la vida democrática actual.

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