9 de marzo 2004 - 00:00

Aconsejan a empresarios un impuesto para la seguridad

John Timoney, precursor de la política de seguridad de Rudolph Giuliani, ex jefe de la Policía de Filadelfia y actualmente de Miami, y Larry Mone, presidente de Manhattan Institute, llegaron a la Argentina para asesorar a los gobiernos sobre seguridad ciudadana.
John Timoney, precursor de la política de seguridad de Rudolph Giuliani, ex jefe de la Policía de Filadelfia y actualmente de Miami, y Larry Mone, presidente de Manhattan Institute, llegaron a la Argentina para asesorar a los gobiernos sobre seguridad ciudadana.
Los mayores expertos norteamericanos en seguridad recomendaron que el sector privado se imponga un impuesto para mejorar la seguridad pública y así reducir los elevados índices delictivos que registra la Argentina.

La idea fue lanzada por Larry Mone, John Timoney y Williams Andrews, del Manhattan Institute de NuevaYork, un influyente «think-thank» que fue la usina intelectual de la exitosa política contra la delincuencia que llevó adelante por el alcalde de Nueva York Rudolph Giuliani.

En ese distrito, se aplicó una aguda estrategia que permitió reducir en 57% la criminalidad en general entre 1994 y 2000, 75% las muertes por armas de fuego y una reducción de violaciones (1.200 casos menos que en 1993) y de robos domiciliarios (de 100.933 a 38.155).

• Conferencias

Los especialistas desembarcaron en Buenos Aires de la mano de la Red Libertad para reunirse con miembros de los gobiernos nacionales provinciales y brindar una serie de conferencias en Buenos Aires, Rosario, Córdoba, Mar del Plata y Tucumán.

Andrews
, ex mano derecha del famoso jefe de Policía de Nueva York William Bratton y que ahora trabaja en la reforma policial de Los Angeles, California, consideró ayer que los empresarios deben involucrarse en el tema de la seguridad mediante aportes voluntarios que contribuyan a mejorar los recursos en la lucha contra el crimen, en vez de destinarlo a pagar custodios y autos blindados. Fondos que -aconsejó- deben ser manejados por el sector privado y no por el gobierno.

El ex hombre fuerte de Bratton trasladó así a la Argentina esta filosofía que en Nueva York se denominó «distrito de mejoramiento de negocios» y que se puso en práctica cuando el gobierno de Rudolph decidió terminar con el «control» que los narcotraficantes tenían sobre el parque ubicado en la avenida 42, donde se encuentra la New York Library, y que -en ese entonces- era considerada una de las áreas más peligrosas de la ciudad.

«En ese proyecto, todos los negocios se impusieron un impuesto a sí mismos, y ese dine-ro se utilizó para mejorar la seguridad, para dotar de recursos a la policía, para construir hogares para homeless (los sin techo), iluminación y actividades sociales que ayudaron a reducir el delito. Desaparecieron los narcotraficantes, y la gente pudo volver a transitar por el parque»
, detalló el presidente del Manhattan Institute, Larry Mone.

John Timoney
, uno de los artífices de la reformas en el departamento de Policía de Nueva York, ex jefe de la policía de Filadelfia, sugirió realizar un cambio de enfoque de la política criminal y reproducir la táctica empleada en territorio norteamericano que llevó a sus investigadores a lugares estratégicos en el combate de la delincuencia.

La experiencia que desarrollaron les enseñó que hay barrios clave en ciudades como Nueva York o la misma Buenos Aires que resultan ser
enclaves de entrenamientos para delincuentes.

«Nadie empieza a robar bancos; se entrenan en otros delitos y después cometen el atraco. La policía neoyorquina tuvo un enfoque muy claro en todas las partes de la ciudad, por eso bajó el crimen. No sólo el crimen de alto perfil, sino también el de bajo recurso»
, resaltó Andrews.

Aunque los expertos no creen que hoy Buenos Aires sea una ciudad insegura, consideran que
«sí lo es», cuando se toma como parámetro la calidad de vida de hace una década.

Precisos en sus análisis, los «policías académicos» sostienen que el paso de la fase del robo express en bancos al de secuestros extorsivos organizados es el resultado directo de que
«los delincuentes se están organizando mejor, son más inteligentes y empiezan a buscar blancos más grandes».

Una segunda razón es porque se está imponiendo la violencia juvenil por el consumo de drogas.
«Hay que impedir que la droga se apodere de los vecindarios pobres. Es cierto que la pobreza es una causa de la criminalidad, pero los criminales, en su mayoría, no son pobres, sino que son víctimas de los criminales», sentenció Timoney.

Andrews acompañó la visión con un concepto dramático:
«La cultura violenta ya tiene raíces. No es crimen de oportunidad, sino personas que están intentando hacer dinero sobre la base del crimen».

Así resumió algo que se visualiza a diario en las villas de la Capital Federal y en barrios de la periferia del conurbano bonaerense: la aparición de «empresarios exitosos» (en algunos barrios, los únicos empresarios) que han hecho del delito una fuente de altos ingresos.

«La Policía debe intervenir, pero los gobiernos deben tomar la decisión política de cambiar la atmósfera, porque, cuando hay miedo, la gente se retira de los espacios públicos y favorece al delincuente. Y cuando hay impunidad, el delincuente se siente incentivado a cometer crímenes más graves»,
concluyeron.

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