Un médico argentino recordó la explosión en Beirut y contó cómo se vive a un año del hecho

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Marcelo Fernández es el jefe de misión de Médicos Sin Fronteras (MSF) en el Líbano y llegó a Beirut casi cinco meses después de lo sucedido.

La explosión en el puerto de Beirut dejó "hospitales destruidos, un sistema de salud desbordado y un trauma psicológico que va a perdurar mucho tiempo", describió el jefe de misión de Médicos Sin Fronteras (MSF) en el Líbano, Marcelo Fernández.

La detonación de 2.750 toneladas de nitrato de amonio abandonados sin precaución en un silo provocó 214 muertos, más de 6.500 heridos y barrios enteros de la capital devastados por la onda expansiva.

Se conmemora un año del estallido que profundizó la crisis económica, agudizó la fuga de personal sanitario y la dificultad de conseguir medicamentos básicos. Asimismo, acentuó una frágil situación previa que generó varios cambios de Gobierno y una devaluación acelerada de la moneda.

"Centros que brindaban servicios para enfermedades crónicas o tratamientos de cáncer también se vieron afectados, tanto estructuralmente como en el aprovisionamiento de medicinas. O sea, fue un efecto dominó que afectó a todo el sistema", indicó Fernández en diálogo con Telam.

"A esto hay que sumarle el trauma psicológico que sigue existiendo y va a perdurar durante mucho tiempo. Todos recuerdan qué estaban haciendo a las 18:07 (horario local de la explosión), dónde estaban, con quién, qué estaban comiendo", añadió el médico nacido en la localidad santafesina de Reconquista y formado en Rosario.

Pese a que ya pasaron 25 años desde que empezó su "aventura" con MSF en varios países del sudeste asiático, Guatemala y México, el médico todavía rememora sus años de residencia en el hospital municipal rosarino Clemente Álvarez o sus días en las tribunas de El Coloso para ver al Newell´s Old Boys dirigido por Marcelo Bielsa.

"La crisis política y económica en el Líbano me hace acordar mucho a la de Argentina en diciembre de 2001", indicó al trazar un paralelismo entre lo ocurrido hace dos décadas en su país de nacimiento y lo que sucede en su presente.

Fernández llegó a Beirut casi cinco meses después de la detonación, y si bien no vivió en carne propia lo que fue estar en la ciudad en el momento del estallido, el paisaje de destrucción que generó la onda expansiva lo recorre una vez por semana cuando pasa por la zona del puerto para ir hacia el norte, donde MSF tiene uno sus centros primarios de salud.

"La primera vez que pasé se me pusieron los pelos de punta. Antes de llegar y después de pasar por la Zona Cero se ven cientos de metros de edificios destruidos y te das cuenta de la violencia de lo que pasó", afirmó.

"Lo que pasó quedó muy marcado en la gente. Todos los servicios médicos y sanitarios que brindamos siguieron operando, aun cuando nuestros empleados y colegas estaban sufriendo el efecto directo de la explosión por sus familias, sus casas y el trauma propio de este evento", explicó.

Pese a estas dificultades y un sistema de salud que está casi en un 80% privatizado, Fernández destacó "la muy buena respuesta" que dio tanto la organización en la que trabaja. La cual se enfocó más en mantener los servicios que se vieron afectados para enfermedades crónicas, salud mental y distribución de kits de higiene, como la Cruz Roja libanesa que ayudó a los heridos por la detonación.

En la actualidad, MSF mantiene estos servicios, además de trabajar en una maternidad, atención a domicilio para adultos mayores, a niños con talasemia y brindando apoyo en vacunaciones, tanto contra el coronavirus, como para los inmunizantes que componen el programa nacional, entre otras acciones.

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