29 de enero 2008 - 00:00

Boedo seduce a estadounidenses

«Después de la Segunda Guerra Mundial, el barrio devino una vecindad de clase media baja, cuyo famoso estadio de fútbol fue demolido y convertido en un supermercado Carrefour.» Para cualquier porteño (o argentino), la referencia al barrio de Boedo es obvia. Lo curioso es que la frase está en el primer párrafo de una nota que publica ayer «The New York Times» en su edición digital, en la que habla de la resurrección de Boedo y la eleva a un nivel comparable con San Telmo o Palermo. La nota es una más de la avalancha de comentarios y recomendaciones de Buenos Aires como un lugar que debe ser visitado (ayer este diario recogió la de la agencia Sherman's Travel eligiendo a la capital argentina como la ciudad más romántica del planeta).

El periodista, además, hizo los deberes: relata que a principios del siglo XX, Boedo fue un área de intensa vida literaria que prohijó a «gigantes culturales como el escritor Roberto Arlt y el letrista de tango Homero Manzi». Después, agrega, vino la decadencia, que culminó con la demolición del Viejo Gasómetro.

«Sin embargo, en los últimos años Boedo experimentó un renacimiento cultural. Igual que en otros barrios bohemios, como San Telmo y Palermo, teatros independientes, restoranes étnicos y bares fashion han surgido entre las centenarias ' casas chorizo' (sic) que aún definen a Boedo», explica Ian Mount, autor de la nota. Y revela datos que quizá los propios porteños desconozcan: «La Ciudad instaló esculturas semifigurativas en muchas veredas, y hoy artistas tatuados se mezclan con viejos residentes que eran adolescentes durante el último boom del barrio».

Asegura que buena parte de este resurgimiento debe atribuirsea la familia Marín, que se mudó a Boedo desde su Mendoza natal y abrió varios restoranes y centros culturales. Proporciona los nombres, las direcciones y hasta el costo de comer en ellos, no sin asombrarse de que en uno de ellos se pueda comer el «pastel al barro» (el tradicional «shepherd's pie») a poco más de siete dólares la porción.

En lo que hace a la movida teatral, cita la sala Timbre 4, de sólo 50 asientos, propiedad del dramaturgo Claudio Tolcachir; allí -refiere-, desde 2004 se exhibe la comedia «La omisión de la familia Coleman», que -dice Mount-en sus funciones «atrae a celebridades como Francis Ford Coppola».

Después se regodea en la descripción de lugares como el Café Margot («un viejo café estilo francés, lleno de mozos con moñito») y el Monte de Piedad Museum («los visitantes pueden ver una recreación del Café Biarritz, un famoso centro de la izquierda local que funcionaba en la planta baja»), una disquería que «funciona en la esquina que hizo famoso el tango 'Sur'» y que ofrece centenares de CD de tango, un pub que presenta una extensa variedad de cervezas («una rareza en la Argentina»), un bar en el que se sirven mojitos, y hasta un restó que funciona a puertas cerradas, en el que tras la comida se ofrece un show. De tango, obviamente... Como se ve, los extranjeros están cada vez más apasionados por Buenos Aires, y ya no se conforman con «obviedades» como Recoleta, San Telmo, el Obelisco o la avenida Corrientes. Esta pasión porteña reciente los lleva a descubrir maravillas que ni los propios porteños ven, quizá por tenerlas frente a las narices. Habrá que seguir a la prensa foránea, entonces, para entender qué está pasando en la Ciudad.

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