Golpe de Estado y ejércitos verdes, la teoría más provocativa del cambio climático

El filósofo francés Mark Alizart afirmó en diálogo con Ámbito que "algunos decidieron instrumentar la crisis ecológica para operar un verdadero golpe de Estado contra las democracias". Propone la creación de "ejércitos verdes".

“El último que se levante de la mesa del mundo se llevará las apuestas de todos los demás jugadores, sostiene Alizart.

“El último que se levante de la mesa del mundo se llevará las apuestas de todos los demás jugadores", sostiene Alizart.

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“La crisis ecológica es lo que el capitalismo del desastre necesitaba para extender su control”, afirma Mark Alizart, filósofo francés todoterreno con una vasta trayectoria en temas diversos como teología, política e informática, además de haberse desempeñado como encargado de la programación cultural del Centre Pompidou y como asesor del ministerio de Cultura galo. Es el autor del provocativo libro “Golpe de Estado climático”, donde asegura que “para quien se libre de las vejaciones climáticas, la crisis ecológica constituirá una ventaja de oportunidades económicas sin precedentes”.

Según su hipótesis, “algunos decidieron instrumentar la crisis ecológica para operar un verdadero golpe de Estado contra las democracias”, ya que “el último que se levante de la mesa del mundo se llevará las apuestas de todos los demás jugadores, como en el póquer”.

Alizart describe que el verdadero enemigo es el “carbofascismo” y explica que “reducir el consumo y consumir de manera responsable es importante, pero ya no permite cambiar la trayectoria de las emisiones de carbono”. Lo que se debería hacer, sugiere, es comprometer mayores fondos públicos para la investigación y declarar la “emergencia ecológica” como paso previo a la creación de unidades militares especializadas que operen como “ejércitos verdes”. Sobre estos temas, dialogó con Ámbito.

Periodista: ¿Por qué dice qué no es posible discutir con los escépticos del cambio climático?

Mark Alizart: No deberíamos entablar una discusión con ellos en términos científicos. Eso es lo que quieren, porque saben que al hacernos dudar de los tecnicismos (y siempre se puede hacer eso, porque estamos hablando de sistemas caóticos que no presentan regularidades) pueden desdibujar los fundamentos. Son técnicas de desinformación de libros de texto. Por el contrario, creo que deberíamos decir que quieren el cambio climático y punto, que lo piden porque creen que se beneficiarán de él, de la misma manera que las personas que niegan el uso de barbijos solo quieren que el coronavirus se difunda, porque saben que afecta principalmente a las personas pobres.

P: ¿Por qué deberíamos dejar de hablar de “crisis climática”?

MA: Porque no es una crisis, es una guerra. Una guerra por los recursos contra los pobres y los países en desarrollo. Decirlo como es sé que es difícil, pero también liberador.

P: ¿Quiénes deberían liderar la lucha climática?

MA: Muchos. Pero lo más importante es que los ciudadanos que viven en los países con mayor riesgo de cambio climático y las generaciones más jóvenes realicen protestas de forma ilimitada. Pero, obviamente, eso no está sucediendo.

P: ¿Qué opina de Greta Thunberg?

MA: Creo que es genial, en la medida en que aún no se ha comprometido a politizar su lucha. Aunque decir, por ejemplo, que el cambio climático no es un problema de izquierda o derecha me parece una forma ingenua de construir consenso. Porque hasta que entendamos claramente que lo es, que es un problema de "poder blanco y rico contra el resto del mundo”, no hay forma de que podamos evitarlo.

P: Si las protestas se intensifican, ¿no podrían alejar a una parte más moderada de la sociedad?

MA: No hay razón para que eso pase, esta no es una lucha de pueblo contra pueblo. Esta es una pelea que debería escalar donde están los centros de poder.

P: ¿Los países desarrollados deberían compensar económicamente a los países más afectados?

MA: No lo creo, yo digo que los grandes consumidores de productos de carbono deberían pagar más dinero e impuestos por ello.

P: ¿Percibe señales de una mayor conciencia social?

MA: Podría ser. Las encuestas son alentadoras para los ambientalistas de todo el mundo, está surgiendo una nueva generación, mucha gente se está asustando y otros están hartos. Pero aún queda un largo camino hacia la victoria. Un primer paso son las elecciones en Estados Unidos, no puedo imaginar cómo se puede hacer algo si ellos esta vez se niegan a tomar el liderazgo.

P: ¿Son la ciencia y la tecnología la esperanza para evitar un colapso climático?

MA: Creo que sí. No me gusta la teoría sobre el decrecimiento y la desaceleración económica. Entiendo la lógica detrás, pero simplemente no creo que el mundo en su conjunto, con tres billones de personas que todavía viven en la pobreza, se salvará con el decrecimiento. Creo que se salvará gracias a los bioplásticos, la energía limpia y la geoingeniería natural.

P: Habla de crear un ejército verde, ¿para qué?

MA: Porque la situación es tan mala que se necesita un esfuerzo de guerra para salvarse. No hay forma de que podamos producir las cantidades de paneles solares necesarios para descarbonizar nuestra electricidad si se lo dejamos al mercado. Necesitamos la movilización de todas las fuerzas productivas bajo la dirección de un liderazgo autorizado. Necesitamos asegurarnos de disuadir a las personas que están librando una guerra contra el clima.

P: ¿Qué otras funciones tendría?

MA: Controlar y repeler los cargueros peligrosos de nuestras costas, proteger los bosques, limpiar los ríos. Por último, lo necesitamos para prepararnos para lo peor. Porque de eso se trata gobernar: preparación. Y no estamos preparados para el colapso de la sociedad que está a punto de llegar si no logramos ganar la guerra climática. O al menos, no democráticamente. Un ejército verde tendrá que salvar la democracia del carbofascismo.

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