Coronavirus: la odisea de tres argentinos para volver al país en medio de la pandemia

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Fronteras cerradas, aeropuertos desbordados y toques de queda impiden que miles de argentinos se desplacen. Historias sobre un mundo blindado.

La pandemia de coronavirus que azota al mundo está causando un tendal de muertes y graves consecuencias económicas. En respuesta, las naciones cierran sus fronteras y aíslan a sus ciudadanos buscando reducir la circulación del virus. Ante este escenario, miles de personas se ven imposibilitadas de volver a sus países de origen, una situación que afecta a diversos argentinos a lo largo y ancho del globo.

Como agravante, el brote llegó al hemisferio sur en el verano, cuando mucha gente opta por viajar al extranjero para pasar sus vacaciones. Y aunque el Estado está organizando el retorno de los viajeros a través de sus instituciones diplomáticas y de la aerolínea de bandera, los esfuerzos todavía no alcanzaron a la totalidad de los afectados.

Perú, blindado

Martín Lauro y Rocío Rodríguez son una pareja de jóvenes que llegó a Perú días atrás y quedó varada bajo un Estado de sitio férreo, con fronteras y aeropuertos cerrados. “Salimos el sábado 14 de marzo a las 9 de la mañana de Ezeiza. Ese día Argentina ya había avisado que cerraba las fronteras con Europa, EEUU y China. Fuimos con la posibilidad real de que nos manden de vuelta, pero finalmente nos dejaron viajar", explica Martín a Ámbito.

“Al otro día fuimos desde Lima hasta una playa llamada Paracas, donde pasamos la noche. El lunes 16, a la mañana, nos enteramos que el gobierno peruano declaraba el estado de sitio y cerraba la frontera. Enseguida nos preguntamos qué hacer, y decidimos tomar un micro a Lima para organizar la vuelta", dice.

Si bien la travesía ya comenzó enrarecida, la historia se complicaría todavía más. Cuenta Lauro: "En Lima, fuimos al consulado y nos dieron un papel que nos decía que Aerolíneas Argentinas se iba a hacer cargo. Con ese documento, nos dirigimos al aeropuerto a hablar con Sky, la empresa por la que teníamos pasaje de vuelta para abril, a ver si nos lo respetaban, para pedirles que nos adelanten el vuelo porque, dadas las circunstancias, queríamos volver antes. No hubo manera".

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El aeropuerto de Lima, repleto de gente buscando regresar a sus países de origen.

Pese a la angustia y la desesperación, Martín y Rocío no estaban solos. Cerca de 300 argentinos más deambulaban por la terminal limeña en búsqueda de certezas frente a una situación que nunca imaginaron. Tras las negativas, y en vísperas del toque de queda, comenzaron a volver a hoteles y hostels con los medios que tenían a mano.

"A través de la Cancillería nos informaron que el decreto del presidente Vizcarra permitía la circulación de los extranjeros, aunque solo para comprar cosas", dice Martín, y añade: "No hubo un comunicado oficial. Nos hicieron llenar un formulario, pero nunca nos respondieron formalmente. Nos fuimos informando por medios argentinos o familiares, hasta que conseguimos un contacto de la embajada que nos fue dando información".

Luego de la secuencia caótica en el aeropuerto, la pareja acudió a un hostel regenteado por un argentino, que fue recomendado por su contacto en la embajada. "Estamos con mucha incertidumbre y angustia. Nos enteramos que están viniendo vuelos de Miami y del resto de EEUU, que eso estaba prohibido en el decreto", sentencia.

Por su parte, Rodríguez, quien se desempeña como trabajadora de salud en la Ciudad, dice: "Sumado a todo, lo del aeropuerto en Lima fue muy desorganizado. Éramos miles de personas y no había ningún tipo de control sanitario, porque era un caos. Fue una irresponsabilidad muy grande. Aerolíneas nos dijo que no tenía ningún tipo de directiva de nada. Había mucha gente durmiendo ahí".

Al día de hoy, Perú registra más de 100 casos, sin que se hayan dado muertes a causa del coronavirus. "Hay una situación de desesperación. Nosotros estamos guardados, hablando con todos los que conocemos. Para mí esto viene para largo, los vuelos de Aerolíneas Argentinas todavía no están operando para sacar a los argentinos de acá", concluye Lauro.

España
Trabajadores de la sanidad desinfectan el hall del aeropuerto de Barcelona.

Trabajadores de la sanidad desinfectan el hall del aeropuerto de Barcelona.

España: un “cuello de botella”

Gustavo Colombo es abogado. Viajó a España la semana pasada junto a su esposa. Fue, primero a Barcelona, y luego, a Barajas, donde todavía permanece expectante a la espera de volver a la Argentina.

Colombo encontró un país muy distinto al que pensaba: persianas bajas, rutas desoladas y bares cerrados forman parte de una cotidianidad insólita, una suerte de distopía en tiempo real. “La gente está tranquila. Barajas y Madrid están vacías. No hay nada abierto, ni siquiera los bares de los hoteles. España parece ordenado”, cuenta.

“Por el momento estamos encerrados en el hotel. Solamente salimos a un supermercado chico, donde dejan pasar de a uno por grupo familiar. Hicimos los trámites en el consulado de Barcelona. Después nos llamaron, y una funcionaria nos contó que los aviones de Aerolíneas Argentinas están llenos hasta el 24, pero que se habilitó a Latam para repatriar argentinos desde Madrid vía San Pablo”, explica.

Con respecto a la política de repatriación, Gustavo dice que "está bien organizada", aunque considera un "error" que, en un principio, solo se haya decidido realizar los vuelos a través de Aerolíneas Argentinas, ya que eso generó "un cuello de botella".

Finalmente, a través de agentes de viajes amigos, la pareja consiguió pasajes para volver en un vuelo de Latam el próximo 22 de marzo. Hasta entonces, consumen el tiempo leyendo y charlando, evitando mirar la tele, que solo informa sobre la pandemia y sus muertos, en un país que ya superó los 700 decesos y tiene más de 17 mil contagiados.

Sin embargo, la travesía no terminará allí: al llegar a Buenos Aires, ambos deberán comenzar la cuarentena. "Ya tenemos organizado cómo movernos desde Ezeiza para ir a casa. Van a ir parientes con dos autos y nos van a dejar uno con la llave para no tener contacto. Vamos a quedar aislados".

Colombia
Las calles de Bogotá, vacías ante un simulacro de aislamiento.

Las calles de Bogotá, vacías ante un simulacro de aislamiento.

Colombia: tensión y expectativa

"Acá de un día para el otro te cambia todo", dice Nicolás Gulías desde el aeropuerto El Dorado, en Bogotá, mientras aguarda abordar un vuelo de Avianca rumbo a Buenos Aires esta noche.

Nicolás llegó el 3 de marzo a Colombia para pasar sus vacaciones junto a amigos. El coronavirus todavía no había penetrado allí y el pulso del país era normal. Ahora, espera abandonar la ciudad en medio de protestas en la terminal aérea.

"El 16 empezaron a cerrar todo: playas, excursiones, parques. Al otro día, decretaron el toque de queda, y cuando salimos para el aeropuerto ya no dejaban salir a los extranjeros del hotel. Se puso heavy", comenta.

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El aeropuerto de El Dorado, en Bogotá.

Gulías explica que debía volar este miércoles, pero debido a que el avión tenía que hacer escala en Lima, ciudad que tiene cerrados sus aeropuertos, tuvo que aguardar un día más.

En este sentido, explica: "Te pueden dar un pasaje para Brasil o para Chile, pero si te cierran los aeropuertos cuando estás viajando, quedás varado en el país al que llegás. Lo único que te queda es conseguir un vuelo directo".

"Nuestras amigas que tienen pasajes para Latam están muy complicadas. Hay muchas personas varadas que no saben cómo volver, porque la mayoría de los países cerraron los cielos y esa aerolínea no tiene vuelos directos a Buenos Aires", cierra.

Este jueves, el presidente Iván Duque anunció que el país cerrará sus fronteras para los aviones que provengan del exterior a partir del lunes próximo. Hasta el momento, Colombia tiene 108 casos confirmados de COVID-19, pero ninguna muerte.

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Italia ya presenta más muertos por coronavirus que China y sus calles están vacías.

Italia ya presenta más muertos por coronavirus que China y sus calles están vacías.

Italia: el terror europeo

Acciaroli es un pequeño pueblo ubicado sobre el Mar Mediterráneo, en Salerno, al sur de Italia. Allí viven apenas 500 personas, casi la misma cantidad de gente que murió en el país solo este martes. Dado que su principal actividad es el turismo, el COVID-19 afectó sensiblemente la normalidad del lugar.

Clara Pelaia tiene 29 años, es argentina, y vive ahí junto con su pareja, Diego, y su pequeño hijo, Tomás. En diálogo con este medio, relata: "Los problemas empezaron a mediados de febrero en el norte, durante el carnaval. Mucha gente había viajado desde el sur a visitar familiares, entonces, cuando suspendieron las fiestas, ya era tarde".

"Acá tenemos la suerte de ser pocos y está bastante controlado. Estamos encerrados desde el 9 de marzo; antes se habían aplicado medidas como en Argentina: cierre de bares, distanciamiento social y demás. Eso duró una semana, y después cerraron todo", cuenta.

Pero, pese a sentirse a resguardo en una región que no vivió lo peor de la pandemia, la foto del lugar es lúgubre y el enemigo, silencioso. Dice Clara: "No se puede salir a la calle. Está todo cerrado, parece que es el fin del mundo. Si vamos a comprar, hay unos acrílicos para que no tengamos contacto con los vendedores. A los negocios se puede entrar de a uno. Parece el fin del mundo, es muy triste".

Sumada a la tensión nacional, Acciaroli sufre en particular por la ausencia de turistas en la víspera de una primavera convulsa. Las calles lucen vacías y, por el momento, nada hace prever que las cosas mejoren en el corto plazo. Este jueves, el premier italiano, Giuseppe Conte, decidió aplazar las medidas más allá del 3 de abril, algo que calificó como "inevitable".

Este jueves, las muertes en Italia escalaron a 3.405, convirtiéndose en la nación con mayor cantidad de fallecidos y desplazando a China en el ránking. La región más afectada es Lombardía, con más de 17 mil casos positivos. "No pensamos que iba a expandirse tan rápido por toda Italia, ni que iba a llegar al sur", sentencia Clara, mientras espera una resolución que todavía es borrosa.

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