Cristina viste austera a tono con la crisis

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Como si quisiera dar un ejemplo de austeridad en medio del pánico colectivo por la crisis económica, esta semana Cristina de Kirchner echó mano al vestidor sin ocuparse de contrastes ni sintonías, de fríos o calores. Desde un gorro inadecuado hasta una chalina inoportuna, hicieron girar las miradas hacia la Presidente, cada vez más alejada de los protocolos, excepto en ocasiones muy especiales.

Como si fuera poco para días convulsionados, Cristina también tuvo que presentarse ante un auditorio exclusivamente femenino, más atento a los detalles y ajuares, y más crítico -en ocasiones cruel-que cualquier público en esa materia. Eso sí, nunca faltan damas que le copian a Cristina algo del look que por cierto no impone como otras famosas. Con esos prejuicios llegó al «Vital Voices» -un seminario dedicado a mujeres empresarias y ejecutivas como hace Hillary Clinton en su tierray se entregó para el murmullo de las mujeres, que no le perdonaron un estampado poco actual, demasiado brillo, poca formalidad y menos disimulo en los retoques faciales.

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    Ni siquiera el discurso feminista de la mandataria argentina disipó los comentarios, frívolos tal vez para ese ámbito de destacada platea con muchas damas extranjeras, todas de más de cuarenta.

    Y Cristina de Kirchner hizo lo suyo cometiendo varios desaciertos al combinar accesorios e indumentaria que dieron motivo a la afilada visión de las damas. Se presentó allí con el mismo tailleur estampado en verde y azul que estrenó en julio pasado para un encuentro con la mandataria chilena. Un atuendo prolijo, salvo por un detalle innecesario: llevó un fourlard de seda marfil sobre los hombros, caído hacia adelante, como una «dama antigua», que nada tenía que ver con la vestimenta.

    Pero la peor de las elecciones de la semana fue ese gorro de lana rosa que se puso el lunes pasado, para la inauguración de una plataforma «off shore» de YPF, un complemento out como son los tejidos sobre la cabeza que aparecieron en el invierno pasado sin demasiado éxito. Quiso recrear el uniforme de los operarios en una versión que la mostró opacada, sin «glamour», en una imagen que nadie entendió como una metáfora de placard. Es que ese gorro, que ni siquiera se aconseja para un apuro ante la imposibilidad de correr a la peluquería a colorearse las raíces, simuló -o intentó hacerlo-estar a tono con los operarios que por cuestiones de seguridad, no de estética, portan cascos. Hasta se puso grandes guantes como ellos para llevar a Comodoro Rivadavia, de cuero negro, y remató con un abrigado camperón marrón, pero algo de joyas para no estar tan poco femenina: aros de oro con brillantes.

    También esta semana recibió a Michelle Bachelet con esa blusa floreada de satén gris y ese pantalón ancho y de tiro alto que ya usó en distintas oportunidades y que destacaban el talle avispa, sobre todo al lado de la chilena.

    El martes, hubo un flash back al pasado: look años noventa en un vestido al cuerpo, de textura aterciopelada en petróleo, para recibir al príncipe de Bélgica, que hubiera quedado mejor con una simple cadena de oro, en vez de ese collar de tres vueltas de perlas que le dio un estilo demodé.

    Completamente distinto de lo que eligió para la tarde: camisa de seda y chaqueta marrón floreada, un conjunto moderno, salvo por una falda hippie hasta los tobillos, al mejor estilo de la década del setenta, en combinaciones que no privan a Cristina de nada, a pesar de los flashes
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