De repente, más flaca y en transitoria elegancia

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Definitivamente, está más delgada. No se conoce la dieta, si es de Ravena, Cormillot, la luna o disociada, pero Cristina de Kirchner luce con menos kilos. Aún, si la devaluación en la balanza fuera consecuencia del disgusto cotidiano por la pugna del campo, debe admitirse que ciertos perfiles están más estilizados (aunque se calza la ropa demasiado ceñida, al menos para una jefa de Estado). La crisis oculta muchas realidades -la gestión de Mauricio Macri, por ejemplo-, pero no el esfuerzo femenino por revelarse más flaca. Del mismo que, a pesar de que lo lamente esta aguja crítica de todas las semanas, en la travesía de la mandataria por la Cumbre del Mercosur hubo -esta vezun vestuario adecuado, el regreso al color, buen gusto en los géneros trabajados, recuperación de las carteritas (todas Hermés, arrumbadas en el ropero sin ocasión de muestreo), sobriedad.

Desde el acertado equipo de falda y tapado en cuadrillé «pata de gallo» magenta y negro del primer día, a la tarde (con camisa negra y pañuelo para tapar el cuello) --tal vez demasiado abrigado para el clima- al vestido de cóctel, en chiffon de seda labrado en color púrpura, amarronado. Para completar, afuera usó un tapado negro y marrón en seda matelaseada, con dibujo en espina de pescado (como los ladrillos) y botones dorados, una pieza admirada hasta por Elisa Carrió y Vilma Ripoll (la Ibarra no, ya que ella se inclina por un estilo apropiado a sus piernas largas y habitualmente exhibidas).

No todo, en elegancia, fue feliz en Tucumán: el día de la despedida no soportó el tránsito discreto de la jornada anterior y recayó en un tailleur en raro género, como un cloqué de lana y satén de seda que, absolutamente, no era para la mañana (sobre todo por el top o embozo que le tapaba el escote). Perla negra en dos jornadas con muchos cambios de vestuario (hasta cuatro en un mismo día), sin repeticiones y con la ventaja de abandonar esos stilettos para los pies, ahora reemplazados por botas y zapatos de puntera redonda que tapan más el empeine. Lo más singular de esta excursión regional, sin embargo, fue -después de abrumadoras jornadas de oscuridad- la vuelta a ciertos brillos y colores, también accesorios, hasta ahora dormidos o suspendidos por los litigios camperos. O el mal humor de Alfredo de Angeli. Para ese regreso, entonces, consultamos a una asesora de imagen, Gisella Gulli, quien hizo un repaso de los colores, una especialidad que la tienta:

«El uso del brillo es un tema delicado y difícil de acertar en una señora. El toque de color es una buena opción si se la sabe combinar», advirtió la especialista. Sin embargo, aclaró que las tonalidades que usó la Presidente esta semana fueron correctas: «Se trata de colores con mucha fuerza, como el rojo carmesí del abrigo con el que se mostró en Aeroparque o el fucsia que usó el lunes, todos combinados sobre una base negra. Un contraste moderno para las prendas clásicas que eligió».

  • Abrigo

    La Gulli también destacó la elección del abrigo del martes por la noche, con botones dorados, por encima del vestido de mangas largas en tono nude, labrado en marrón, con flores bordadas en terciopelo negro. «Una combinación elegante para una presidente, aunque los botones brillosos competían visualmente con los aros dorados».

    La única objeción fue para el conjunto del martes: «El top celeste en satén no ha sido una buena elección. Menos aún, combinada con la cadena de oro. Mucho brillo junto desmereció la fina trama del traje. Más despojado el look ayuda a focalizar mejor la elegancia natural». Pero el desacierto pasó casi inadvertido por un detalle chic que encandiló todas las miradas femeninas: la cartera Birkin de Hermés en celeste metálico. Nadie sabe si las mujeres se emocionan por este modelo clásico o porque el nombre les recuerda a Jean-Louis Trintignant en «El cordero enardecido».
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