Aunque los actos hostiles son más bien aislados, «el antisemitismo sigue siendo un problema en la Argentina», advirtió ayer un informe del Departamento de Estado norteamericano sobre la situación de las comunidades judías en todo el mundo.
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El documento, realizado a pedido del presidente George Bush, reconoce, no obstante, que «la cifra de incidentes antisemitas señalados (en el país) se estabilizó en los últimos años, aunque se produjo un incremento hacia finales de 2004».
«Las organizaciones no gubernamentales (ONG) siguen informando de actos de vandalismo en varios cementerios judíos, amenazas contra las instituciones judías, venta de objetos nazis y exposición de símbolos nazis», agregaron los autores.
El documento del Departamento de Estado señaló que el gobierno argentino «sigue investigando los actos antisemitas y lanzó esfuerzos públicos para promover la comprensión interétnica y entre las religiones».
Según consignaron agencias de prensa internacionales, el informe recuerda la decisión de la Justicia del pasado 2 de setiembre de absolver a cuatro ex policías y un civil detenidos y acusados de dar apoyo logístico para perpetrar el atentado contra la AMIA en 1994. «El gobierno argentino prometió continuar la investigación y mantener los esfuerzos para llevar ante la Justicia a los autores» del atentado, subrayó.
De acuerdo con el documento, en el resto de América latina el antisemitismo «no es un problema extendido», y sólo se produjeron «actos aislados» en Brasil, Uruguay, Bolivia y Colombia. En Europa, el informe cita a Francia, Alemania, Gran Bretaña, Bélgica y Holanda como los países donde el antisemitismo más ha crecido.