El 70% de los argentinos no están satisfechos con su vida sexual

Esto refleja que al satisfacción solo llega al 33% de los ciudadanos. Las causas de la problemática varía entre distintas dificultades.

Un estudio de la UBA reflejó el crecimiento de la insatisfacción sexual.

Un estudio de la UBA reflejó el crecimiento de la insatisfacción sexual.

El último relevamiento del Observatorio de Psicología Social Aplicada de la Universidad de Buenos Aires (UBA) encendió una señal de alerta: apenas el 33% de los argentinos manifestó sentirse satisfecho con su vida sexual. Esto significa que, en un contexto marcado por el estrés, la hiperconexión y las dificultades en los vínculos, siete de cada diez personas no se encuentran satisfechas con su sexualidad.

Historias cotidianas reflejan un fenómeno cada vez más extendido. Una mujer de 38 años, con un alto cargo laboral, admite que muchas veces accede a encuentros sexuales “como para cumplir”, mientras que un docente de 43 años señala que el cansancio y la convivencia con una hija pequeña hacen que el deseo “se diluya”.

Ambos coinciden en un punto clave: casi no hablan del tema.

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La pérdida de vida sexual tiene distintos causantes.

La pérdida de vida sexual tiene distintos causantes.

Los números de la insatisfacción sexual

El estudio, basado en una encuesta a 2200 personas de entre 18 y 65 años en 2025, mostró una radiografía clara:

  • 15,8% se considera muy satisfecho
  • 17,45%, algo satisfecho
  • 40,95%, ni satisfecho ni insatisfecho
  • 12,65%, algo insatisfecho
  • 13,15%, muy insatisfecho

De esta forma, el dato central es que la satisfacción plena es minoritaria entre los ciudadanos argentinos.

El psicólogo Cristian Garay, uno de los autores del informe, explicó que se trata de un doble fenómeno: menos actividad sexual y mayor insatisfacción.

“Hay un consenso internacional amplio que dice que la actividad sexual disminuyó y, por otro lado, se observa que la insatisfacción sexual viene en aumento”, señaló.

Las causas del problema

Entre las causas principales aparecen dos factores vinculados a la tecnología: el acceso temprano a la pornografía, que genera expectativas poco realistas, y el uso intensivo de redes sociales, que ofrece gratificación inmediata sin contacto real

“Brindan vías rápidas de satisfacción y sin la necesidad de pasar por una experiencia real con el otro”, explicó Garay.

La sexóloga Mariana Kersz sintetizó el fenómeno: “No siempre se trata de tener menos sexo, sino de necesitar cada vez menos sexo”.

Por otra parte, la médica Silvina Valente, del Hospital de Clínicas de la UBA, advirtió al medio La Nación un cambio en las consultas: “Ya no aparece tanto la disfunción sexual clásica, sino el deseo sexual bajo o fluctuante y las dificultades en la comunicación”.

El estrés crónico, la ansiedad y la sobrecarga diaria impactan directamente en la libido. “Primero hay que sentirse bien para tener ganas”, explicó.

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Especialistas coinciden en que la raíz del problema muchas veces no es sexual, sino vincular. La psicóloga Natalie Salerno indicó que las consultas más frecuentes giran en torno a frases como “no nos entendemos” o “estamos desconectados”.

Por su parte, la experta Antonella Ance remarcó: “No es que el deseo desaparece, sino que puede estar quedando tapado”.

Los especialistas descartan la idea de una frecuencia ideal. El deseo depende del contexto, la etapa de la pareja y las condiciones de vida.

“No es lo mismo estar de novios que convivir hace años con hijos”, explicó Kersz. Además, emergen nuevos hábitos: sexting, masturbación y menor contacto presencial, especialmente en generaciones más jóvenes.

Uno de los problemas más repetidos es la dificultad para expresar el deseo o la falta de él. “Muchas mujeres terminan accediendo para que el otro no se sienta rechazado”, señaló Salerno, lo que genera mayor desconexión emocional.

Cómo mejorar la vida sexual

Los especialistas proponen algunos cambios concretos:

  • Incorporar la comunicación erótica sin críticas
  • Reducir la carga mental y redistribuir tareas
  • Replantear el encuentro sin presión por el rendimiento
  • Reconstruir la conexión emocional
  • Incluso, “poner el sexo en agenda”

Otro cambio cultural aparece con fuerza, y es la posibilidad de rechazar un encuentro. “Las mujeres de esta generación se permiten decir que ‘no’ mucho más”, destacó Kersz, aunque persisten culpas y temores.

El informe de la UBA expone un fenómeno que trasciende lo íntimo, la combinación de estrés, tecnología y desgaste vincular redefine la forma en que las personas se relacionan.

Más que una cuestión de frecuencia, el dato central parece ser otro, mayormente vinculado a la profunda falta de conexión.

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