23 de septiembre 2005 - 00:00

El Buenos Aires de Ibarra: montan una villa hasta en el Jardín Japonés

La tragedia de Cromañón terminó de oscurecer la ya de por sí más que opaca gestión municipal de seis años de Aníbal Ibarra. Se sabe que vive sólo preocupado por la posibilidad de su juicio político y la Ciudad no tiene control ni gobierno que la cuide y proteja. Le pusieron una villa en la reserva ecológica y hace pocos días comenzó el montaje de otro asentamiento en el hermoso Jardín Japonés en pleno centro de los bosques de Palermo. A 300 metros también se perdió el no menos hermoso Rosedal, copado por el travestismo. La lucha por defender la zona de bosques de la Ciudad fue permanente, sobre todo en Palermo. Un nuevo interventor en «Canal 7» descubrió en el pasado una villa instalada en los techos del suntuoso edificio de avenida Figueroa Alcorta y Tagle. Otro asentamiento extirpado fue en el imponente edificio de la Biblioteca Nacional. Otro más, detrás de la sede del Museo de Bellas Artes. Pero con Ibarra -y más al verlo debilitado y a la defensiva al municipio por la tragedia de Cromañón- los avances sobre espacios públicos que son de usufructo de todos los ciudadanos se han tornado casi diarios. Se eligen libremente los lugares a apropiar. Inclusive hay toda una técnica de pasos sucesivos para violar un espacio verde. Después el gobierno se desespera sobre por qué no es favorecido en la intención de voto el candidato oficial Rafael Bielsa, a quien se obliga desde la Casa Rosada a no criticar a Ibarra. Los porteños nunca perdonan el descuido con su Ciudad. Y a Ibarra le aguardan todavía dos años más de gobierno. Ni pensar cómo dejará a Buenos Aires al cabo de 8 años. Penoso.

El Buenos Aires de Ibarra: montan una villa hasta en el Jardín Japonés
La inacción del Gobierno porteño para impedir el uso indebido del espacio público no es novedad. Ahora le tocó el turno de ser invadida al área exterior del Jardín Japonés, sobre la calle que conecta las avenidas Sarmiento y Casares, y en la que se encuentra la entrada principal a ese bello paseo. La técnica en estos casos es siempre la misma; hay una avanzada de dos o tres jóvenes adultos que «hacen noche» durante una semana en el lugar elegido con el fin de testear la reacción de las autoridades. Si la misma no se produce -como lamentablemente siempre sucede- comienza a erigirse la primera casilla; como tampoco pasa nada, poco después llegan los familiares de los intrusos con todas sus ( pocas) pertenencias.

Y allí se quedan. Después arriban más familias, se levantan más casillas, se puebla el asentamiento y su desalojo -en caso de que hubiera voluntad de hacerlo- se complica de manera exponencial. Desde ya, esta gente habita en condicionesmisérrimas, sin acceso a agua potable (más allá de bebederos y canillas de los parques) y usan el césped como sanitario. Por lo general su actividad es el «cirujeo» (hoy rebautizada como «cartoneo») por lo que esos núcleos habitacionales son un muestrario de camas viejas, pilas de papeles y cartones, artefactos en desuso y cuanto elemento recogen sus moradores en la vía pública para revenderlos. La existencia de estos asentamientos es una prueba más de que Aníbal Ibarra, que nunca se destacó por su talento para administrar la Ciudad, desde la tragedia de Cromañón directamente dejó de gobernar. Cabe recordar, por caso, que a pocas cuadras de allí en la empalizada de una obra municipal se hicieron pintadas virulentamente antisemitas, que sólo fueron cubiertas luego de que Ambito Financiero las denunciara. Sería deseable que, luego de enterarse «por los diarios» también de este caso, el Gobierno porteño haga algo para solucionar esta enojosa invasión.

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