El 16 de julio de 1990, el ingeniero Santos escuchó, mientras realizaba compras en el barrio porteño de Villa Devoto, la alarma de su Renault Fuego, y detectó que le habían robado -nuevamente-el estéreo dos delincuentes que escapaban en otro vehículo. Los persiguió con su arma, los alcanzó y los mató a ambos de un tiro en la cabeza. El ingeniero fue acusado de doble homicidio y estuvo un mes preso. Cinco años después, la Cámara del Crimen lo condenó por exceso en legítima defensa a 3 años de prisión en suspenso. En 2001 le fijó una indemnización de $ 50 mil pesos a la familia de cada fallecido, pero el año pasado ese monto se redujo a 20%, tras un fallo de la Sala B de la Cámara Civil de Apelaciones.
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El letrado Osvaldo Albano indicó a este diario que «por la información hasta ahora conocida, el caso del empresario se diferenciaría del del ingeniero porque el primero contaba con el arma en el momento en que se produjo el asalto y el segundo la fue a buscar», y agregó: «Parto de la base de que la intención del empresario era recuperar el dinero y no matar. Según el maestro penalista Sebastián Soler, no se concibe un orden jurídico en el cual los particulares deban limitarse a presenciar pasivamente la violación del derecho». Informate más
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