24 de febrero 2017 - 10:41
Energías renovables: las dudas argentinas y cómo hizo Alemania su <i>Energiewende</i>
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Cuestiones sin resolver
Los precios del megawatt hora es una de las trabas, y pese que la licitación permite acercarnos a los de las renovables en Chile, Uruguay y Brasil (u$s 50 o u$s 60), todavía estamos lejos de los de los mercados centrales.
"No solo los precios, la eficiencia energética es otro de los temas que Argentina debe solucionar", apunta Daniel Krull, consejero económico de la Embajada alemana. "Con tecnologías nuevas se puede bajar el consumo en el corto plazo, y es más barato que construir centrales energéticas", aconseja.
Para Krull, "es obvio que las energías renovables acá pueden funcionar, porque los recursos son mucho mayores que en mi país: el viento es mucho más fuerte que en Alemania y la radiación solar es mucho más alta. Es un lástima que no hayan empezado antes".
Encuesta
¿Cuál energía alternativa considera que tiene mayor potencial en nuestro país?
Aunque, como en otras políticas de largo plazo, deben ser sostenidas en el tiempo. La energía nuclear ya era criticada por los germanos en los años '70 y desde entonces se trabajaba en ello. "En ese entonces los más críticos eran el germen del actual partido de Los Verdes. Con el desastre de Chernobyl, se pensó que había sido un mal manejo de los soviéticos, pero cuando sucedió lo de Fukushima, en un país altamente desarrollado como Japón, la percepción cambió. ´Quizá los verdes tienen razón', pensaron muchos", relata.
Desde entonces, el país europeo llevó adelante ambiciosos programas de financiamiento e incentivos de mercado, leyes de fomento, un programa para alcanzar los "100.000 Techos Solares" y diferentes tipos de subsidio para fomentar las renovables.
Argentina, al igual que Alemania, utiliza un alto porcentaje de hidrocarburos. El petróleo y el gas de pozo alcanzan casi el 90% del total de la oferta energética de nuestro país, según los datos del Ministerio de Energía. Pero, a diferencia del país germano, casi no consumimos carbón mineral. Es una ventaja: el gas, que alcanza más de la mitad de los consumos energéticos locales, es un combustible mucho más limpio, es decir, con menor cantidades de emisiones contaminantes que el carbón (emite un tercio menos de CO2 por unidad de energía eléctrica generada).
Otro de los grandes temas pendientes es la posibilidad de que los consumidores nos transformemos a la vez en generadores de energía. Ya existen proyectos en el Congreso que posibilitarían, según los especialistas, una ley nacional para que podamos inyectar energía renovable al sistema. "Eso bajaría los costos de la matriz energética y convertiría a cada uno de nosotros en un prosumidor o productor /consumidor de energía. Lo que se termina pagando es la diferencia entre lo que producís y lo que consumís", señala el titular de Cader.
Además, añade, "falta marco regulatorio. Y el Gobierno debe generar condiciones de inversión para que capital local y externo invierta en proyectos "limpios" de largo plazo bajando las tasas. Un proyecto de capital intensivo se financia en Bolivia o Chile a tasas de 3 o 4%, mientras que en Argentina ronda el 7 o 7,5%. Por otro lado nuestro problema, históricamente, es la inseguridad jurídica en inversiones de largo plazo".
En Alemania, la revolución avanza pero aún no se ha consumado. Las energías renovables representaron en 2016 el 29,5% de la generación total de energía primaria, un porcentaje bajo en relación con la importancia del carbón (40%). Pero el objetivo a mediano plazo es aumentar ese porcentaje en diez puntos para 2025 y alcanzar el 60% en 2050. En nuestro país, el ministerio de Energía aspira, según informó el secretario de Hidrocarburos, José Luis Sureda, "en pasar del 2% de la participación de renovables de generación eléctrica -sin considerar la hidráulica- a 20% en 2025".
La transición, según la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA), traerá aparejados efectos económicos positivos y unos 24 millones de puestos de trabajo a nivel global, frente a los 9,2 millones actuales, para 2030.
Pero en el trayecto habrá que hallar soluciones a temas urgentes. Pese a que según las encuestas una amplia mayoría (92%) de germanos apoya la Energiewende, también fueron aumentando las quejas de industriales y consumidores, que tuvieron que afrontar mayores costos. El modelo de negocio supone que al inicio la energía saldrá más cara para ir bajando sus precios en el futuro, pero eso está por verse.
Así y todo, su ascenso en el mundo ha sido imparable. Las estadísticas de la Agencia Internacional de la Energía (AIE), reflejan que las energías limpias representaron cerca de la mitad de la nueva capacidad de generación eléctrica instalada en 2014 y se han constituido en la segunda fuente global de electricidad, sólo superada por el carbón.
En el fondo, además de una cuestión económica, está la gran cuestión: el cambio climático. El año pasado fue el más cálido desde que existen registros y nada indica que la tendencia vaya a cambiar. En un mundo de 7.300 millones de personas abastecidas con una matriz energética que depende en un 80% de los combustibles fósiles, el desarrollo de las energías limpias es imprescindible para combatir sus efectos más destructivos.
Para Álvarez, de Cader, "que las renovables van a diversificar nuestra matriz energética no caben dudas. La diferencia radica en sí lo hacemos bien, rápido y barato, o mal, lento y caro". Prieto, de Greenpeace, elige un tono menos diplomático: "El cambio climático es el gran tema, todos los demás son importantes pero secundarios. Si no frenamos este potro desbocado que es el uso de energías sucias, se irá todo al demonio".




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