3 de julio 2007 - 00:00

Insólita terapia para estresados: los invitan a destruir un hotel para relajarse

Insólita terapia para estresados: los invitan a destruir un hotel para relajarse
"¡AAAaaarrh!", grita como el increíble Hulk, con pesada maza en mano, Jorge, un argentino que el martes fue uno de los hombres "super estresados" seleccionado para destruir con todas sus fuerzas 21 habitaciones de un hotel céntrico madrileño que será renovado.

Lleno de polvo en la cara y el cuerpo, en una habitación convertida en campo de batalla, este argentino no lamenta el esfuerzo: "¡vale por quince años de terapia!", grita.

Como Jorge, otros siete ansiosos elegidos por una cadena hotelera española, propietaria del hotel que será renovado en septiembre, han destruido, golpeado, y gritado para "liberarse del estrés cotidiano".

Aunque tímido al principio, Jorge, un desocupado de 26 años, se fue soltando poco a poco.

Con un mameluco blanco, protegido por un casco, con guantes, una máscara y gafas, empezó por atacar al baño, golpeando todos sus muros maza en mano.

Como un animal enjaulado, arrasó después con la televisión y los armarios, antes de arrojar una silla contra las paredes para descolgar y romper los cuadros.

"No pensaba que iba a ser tan bueno", afirma este joven, que se declara "muy estresado" y que asegura que sufre "pérdida de pelo y dolores de estómago".

"Esta técnica contra el estrés consiste en destruirlo todo para sentirse liberado", explica Eduardo Aldan, actor español encargado del último casting de los candidatos, que al inicio sumaban mil.

Pero esta demolición, en la que los periodistas son diez veces más numerosos que los candidatos estresados, es también la ocasión para la cadena hotelera NH Hoteles, implantada en 21 países con 335 establecimientos, se ofrezca una inédita publicidad.

Pablo, informático español de 32 años, se declara "encantado" de la experiencia porque por un rato le permite olvidar "al banco, la falta de tiempo, y la casa" que no puede comprar por falta de recursos.

"Quiero destruir aún más", afirma en medio de una nube de polvo, con el sudor por todo el cuerpo, pero una sonrisa de oreja a oreja. En la última prueba de selección, doce finalistas pasaron tres pruebas: un pulso, un cuestionario destinado a evaluar su nivel de ansiedad y una lucha frontal con un punching-ball, vestido con ropa de ejecutivo al que le deben gritar la principal causa de su estrés.

"¡Dinero, dinero, dinero!", exclamó Jorge, como fuera de sí, que lleva puestos guantes de boxeo.

Félix, chofer de taxi de 40 años grita "¡la M30!", la autovía que rodea Madrid y cuya reconstrucción fue una auténtica pesadilla para los conductores de la capital española.

Gala, una publicitaria de 30 años, una de las pocas mujeres en esta insólita experiencia, denunció "la falta de tiempo" y dio cinco certeros golpes al falso patrón que escondía el punching-ball.

Miguel Angel, obrero que participa en los trabajos de restauración del hotel, sigue con su atenta mirada a los "demoledores estresados".

"Estoy aquí para vigilar que no se hagan daño", explica.

Aunque asegura que "seguro, esto nos dará más trabajo", pues en su opinión, "no es la manera de hacer estas cosas".

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