La pequeña ciudad de Greenleaf, en Iowa, norte de Estados Unidos, impuso mediante ordenanza la posesión de al menos un arma a cada residente adulto para prevenir potenciales aumentos de los delitos.
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La nueva ordenanza no encontró improvisados a los 862 residentes del pueblo, fundado por cuáqueros (protestantes que hicieron de la no violencia una de sus reglas), ya que el 80 por ciento de ellos posee un fusil o pistola.
El temor de los habitantes parece infundado, puesto que no ha vivido episodios violentos, aunque parece motivado por una alarma de la llegada de migrantes, como sucedió en otras ciudades del país tras el paso del huracán Katrina.
El único hasta ahora en demostrar perplejidad fue el pastor cuáquero local, Alan Weinacht, que dijo: "hacemos parte de una sociedad sumergida en los miedos propios y esta ley es una demostración" de eso.
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