Notable el efecto que produce en el público el accidente del rompehielos Irízar. No peligró la nave, quizás la vida de sus tripulantes, pero la reacción colectiva que se registra es conmovedora. Hay cariño hacia ese buque, antes hospital en la Guerra de Malvinas, emblema después de que algo funciona en un país que no funciona. El heroísmo de su capitán, que permaneció solo en el rompehielos que se incendiaba, queda registrado para siempre en un país de avivados que hacen culto de sacar ventaja sobre el otro. Para colmo, pone a prueba a la política: un país Argentina sin muchos amigos en el mundo, ¿los encontrará ahora para el mantenimiento de las bases antárticas?
El rompehielos Almirante Irízar quedó notoriamente afectado tras sufrir un importante
incendio. Luego de que se controlara el fuego, comenzaron los preparativos para su remolque
hasta Puerto Belgrano.
La destrucción parcial del rompehielos Almirante Irízar activó los planes de contingencia para la campaña de verano 2007-2008. Tres actores se disputan el anonimato en una tarea política desagradable: comunicar la imposibilidad de relevar las dotaciones de las bases el próximo verano. El canciller, Jorge Taiana, la ministra de Defensa, Nilda Garré y el brigadier general Jorge Chevalier, titular del Estado Mayor Conjunto, esperan que un milagro dé por tierra con el vaticinio público que hizo el jefe naval Jorge Godoy: «la reparación del rompehielos podría durar dos años». Es la autonomía que teóricamente tienen los habitantes de las bases permanentes para sobrevivir sin abastecimientos.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Hay alternativas: gastar dinero extra a los 50 millones de pesos del presupuesto antártico para arrendar un buque o pedir la colaboración de países miembros del Tratado Antártico que tienen rompehielos en operación, que aunque haya que pagar por el servicio logístico, el costo es menor.
Esta última es la más delicada para el gobierno kirchnerista a pesar de que existen mecanismos de asistencia y cooperación derivados del Tratado. Del universo de países con bases antárticas sólo tres estarían en capacidad de ofrecer sus rompehielos: Gran Bretaña, Alemania y los Estados Unidos. Uno no se imagina a Néstor Kirchner pidiendo nada a británicos o a norteamericanos. Los primeros poseen el emblemático HMS Endurance, mientras que los alemanes tienen el Polar Stern y los norteamericanos cuentan con varias naves de esas características. Garré quizá preferiría la opción del alquiler, pues en ese negocio están los rusos, quienes ya armaron una línea de trabajo con el Ministerio de Defensa en aquel periplo por las góndolas de Rusia y Ucrania para evaluar helicópteros y otros pertrechos.
De las seis bases permanentes, Orcadas, Marambio, Jubany, Esperanza, San Martín y Belgrano II, esta última debe relevarse y abastecerse inexorablemente con el apoyo de un rompehielos. La base San Martín, próxima a Belgrano II, puede atenderse con el buque oceanográfico Puerto Deseado. Con alguna dificultad náutica (una roca), el navío Puerto Deseado, al mando del capitán de corbeta Fernando Tarapow, hermano del que sufrió el incendio, completó la logística de San Martín en la campaña que acaba de finalizar.
Hasta ahora sólo hay disponibles 11 millones de pesos que constituían la primera cuota de un total de 40 millones que estaban previstos para la reparación de media vida del Irízar que se iba a iniciar el 15 de mayo próximo. Ese dinero es agua en la arena del desierto frente a la magnitud de los daños que se observan en las fotos que distribuye la Armada.
Solidaridad
El canciller Taiana sólo produjo un comunicado de prensa de solidaridad ante el siniestro del Irízar, el tema antártico -central para el interés nacional- parece no vivirse como propio en la Cancillería. Tampoco parece movilizarla el hecho de que Buenos Aires sea la sede de la Secretaría Permanente del Tratado Antártico, objetivo político que heredó la gestión de Rafael Bielsa, tras años de lobby de los funcionarios antárticos.
La figura diplomática de mayor rango que tomó parte en la coyuntura del desastre del rompehielos fue el jefe de Gabinete de Taiana, ministro Alberto D'Alloto. Como si la pérdida del buque no afectara más que la situación patrimonial del Ministerio de Defensa.
Es sabido que la presencia continua en el continente helado, las actividades científicas, los programas de cooperación antárticos, la difusión de los avances, amén de tareas de inspección a bases extranjeras es parte de la gran política de relaciones exteriores que ejercen los países miembro del Tratado Antártico.
La repartición que se encarga de ello es la Dirección Nacional del Antártico (DNA), que al no tener «gen diplomático», es casi una foránea en el mundo de los profesionales de las relaciones exteriores. Pasó por decreto del Ministerio de Defensa a la órbita de la Cancillería en tiempos del presidente interino Eduardo Duhalde. Por estos días la Argentina participa con la comunidad científica global del Año Polar Internacional, efemérides que ocurre cada 50 años y consiste en una gran campaña de investigaciones e iniciativas polares, organizada y coordinada en forma conjunta por el Consejo Internacional de Ciencia (ICSU) y la Organización Meteorológica Mundial (WMO). El país tenía previsto realizar 15 investigaciones especiales para determinar los efectos del cambio climático. Al menos dos de ellas requerían de la plataforma del malogrado Irízar: crucero de estudios geológicos en las islas Shetland del Sur, corrientes, biodiversidad en el estrecho de Drake y cambio climático. Las investigaciones comenzaron el 1 de marzo pasado y culminarán el 1 de marzo de 2009, aunque algunos de los programas podrían mantenerse durante un plazo de hasta 10 años.
Dejá tu comentario