El arzobispo de Buenos Aires, Jorge Mario Bergoglio, condenó ayer por «blasfema» la exposición del artista plástico León Ferrari en el Centro Cultural Recoleta, y llamó para el próximo martes, víspera de la celebración de la Inmaculada Concepción, a un día de ayuno y oración. Es ésta la primera vez en muchos años que la Iglesia reacciona de manera oficial ante una demostración artística. Ni siquiera cuando el actor italiano Dario Fo representó «Misterio bufo» en el Teatro San Martín (1984) las jerarquías religiosas se pronunciaron de esta manera (en aquella ocasión, y a diferencia de ahora, hubo en cambio manifestaciones de violencia por parte de grupos religiosos).
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Cuando se menciona el tema de la libertad de expresión, suele olvidarse que los pronunciamientos religiosos también forman parte de esa libertad. La Iglesia está en todo su derecho de hacer público su disgusto ante lo que considera una muestra «que avergüenza a nuestra ciudad en un Centro Cultural que se sostiene con el dinero que el pueblo cristiano y personas de buena voluntad aportan con sus impuestos», según expresó Bergoglio.
En la retrospectiva «León Ferrari, 1954-2004», que se inauguró el martes a la tarde, se cruzan intereses de todo tipo. Para empezar, los directivos del Centro Cultural Recoleta sabían perfectamente a lo que se exponían. A sus 84 años, Ferrari sigue siendo un provocador. En «La justicia» (1985), una gallina defeca sobre una balanza que representa a la justicia. También hay excrementos, y sobre figuras religiosas, en otra obra, y en «Infiernos e idolatrías», unos santos se fríen en una sartén. Esta obra, expuesta en 2000 en el Instituto de Cultura Iberoamericana, originó una manifestación de grupos católicos ortodoxos que le costó el cargo al director, Tono Martínez.
Pero la actitud de los grupos que manifestaron ante la muestra del ICI (arrojaron gases, basura y bombitas de mal olor) es muy diferente de la del párroco Rómulo Puggari, de la Iglesia del Pilar, quien, al enterarse del proyecto, fue a explicarle a Nora Hoschbaum, directora del Recoleta, el dolor que provocaba hacer esta muestra en este momento, porque se eligió una fecha especial para la Iglesia, el tiempo del Adviento, cuando se recuerda a la Virgen y los chicos toman su primera comunión (casi como elegir el Ramadán para los musulmanes o el Yon Kippur para los judíos). Al Centro Recoleta no le estaba yendo demasiado bien en los últimos tiempos, y un escándalo calculado, más allá de la estatura artística de Ferrari, que es indudable, siempre atrae público.