El empresario Marcelo Porcel volverá a ser indagado este miércoles por la Justicia, tras ser acusado de haber abusado sexualmente de al menos diez alumnos de un colegio en Palermo, todos compañeros de sus hijos. La causa investiga hechos ocurridos entre 2022 y 2024 con alumnos del colegio Palermo Chico.
La Justicia indaga a Marcelo Porcel, el empresario acusado de abusar de los compañeros de su hijo
El fiscal Pablo Turano acusa a Marcelo Porcel de liderar un sistema de corrupción y abusos contra diez adolescentes del colegio Palermo Chico en reuniones privadas.
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Declara virtualmente ante el juez Carlos Bruniard, sin medidas de detención ni restricciones de salida del país.
El fiscal Pablo Turano había pedido la indagatoria de Porcel por “diez hechos de abuso sexual gravemente ultrajante por la multiplicidad de víctimas, corrupción de menores agravada y producción de representación de menores de sus partes genitales con fines sexuales”. La audiencia está prevista para las 10, de manera virtual.
Luego de 1 año, 8 meses y 13 días desde la primera denuncia, Turano logró concretar la indagatoria. El magistrado Carlos Bruniard escuchará la defensa del imputado de 51 años, quien cuenta con la asistencia legal de Roberto Rallin.
La declaración será virtual y sin medidas restrictivas: no habrá detención, retención de pasaporte, ni prohibición de salida del país. La decisión, aunque fue impulsada en parte por el fiscal, generó malestar en una de las querellas, que esperaba condiciones más severas.
Una causa que sumó denuncias con el paso del tiempo
El expediente comenzó el 5 de julio de 2024 y, reúne diez denunciantes. Nueve familias se presentaron como querellantes (dos de los chicos son hermanos) y todos están representados por el abogado Pablo Hawlena Gianotti. Además, hay otro joven que denunció pero no se incorporó formalmente a la causa.
Los últimos tres casos se sumaron en diciembre pasado, lo que demoró el llamado a indagatoria. Tras declarar en enero, luego de la feria judicial, se consolidó un patrón en los relatos: “Todos los chicos tuvieron el mismo relato genérico. Hablaron del dinero y del alcohol y de los masajes en las piernas, en donde hubo un rozamiento de un testículo”.
El presunto mecanismo: reuniones, dinero y control
Según la investigación, Porcel captaba la confianza de los amigos de sus hijos, de entre 11 y 12 años, y los invitaba a su vivienda de la calle Godoy Cruz o a su oficina en Avenida del Libertador, en Retiro. Allí organizaba reuniones y fiestas en las que, según las denuncias, ofrecía alcohol, promovía apuestas online y proponía desafíos a cambio de dinero.
En ese contexto, los menores relataron que eran incitados a desnudarse y que recibían masajes con cremas en piernas y espalda, que en algunos casos derivaban en tocamientos o roces en zonas íntimas. También se mencionó que en ciertas ocasiones los trasladaba a su oficina durante la madrugada.
Para el fiscal, todo ocurrió “de manera sistemática, organizada y premeditada... aprovechando los momentos en que los damnificados estaban bajo su guarda provisoria”, en situaciones donde el imputado tenía control absoluto y también la confianza de los padres.
El crudo relato de los menores en cámara Gesell
Los testimonios brindados por los adolescentes bajo el sistema de cámara Gesell fueron determinantes para avanzar hacia esta instancia. Durante las declaraciones, los jóvenes coinciden en un relato genérico sobre masajes con cremas y el ofrecimiento de dinero.
Una fuente vinculada al caso mencionó que uno de los chicos, tras reflexionar sobre lo ocurrido, identificó la intencionalidad del acusado. El joven señaló que al principio dudó, pero luego “por la mirada, se cuenta de que el roce no fue casual”.
Otro de los relatos describe una situación nocturna en la que el empresario habría ingresado a un dormitorio para realizar masajes a un joven. Al respecto, el informe del Cuerpo Médico Forense destacó que las situaciones propuestas “le generaron bastante incomodidad y le parecieron desajustadas por parte del adulto“.
Finalmente, las pericias psicológicas confirman que los menores se sentían presionados por el imputado en los desafíos que este les planteaba. Porcel utilizaba recompensas económicas para quebrar sus límites de seguridad, según indicaron los profesionales que analizaron a las víctimas en el expediente.
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