No hay duda, la lactancia materna es un derecho humano, es soberanía alimentaria y debería estar protegida como lo que es: el alimento del mundo.
La lactancia materna, el alimento para la humanidad y la ausencia de políticas públicas
Del 1 al 7 de agosto se celebra la Semana de la Lactancia Materna, una acción coordinada por la Alianza Mundial pro Lactancia Materna (WABA, por sus siglas en inglés), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF.
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Todos los años, la Alianza Mundial Pro Lactancia Materna (WABA) lleva adelante una campaña global para celebrar la Semana Mundial de la Lactancia Materna, y en esta edición su lema invita a que pensemos la lactancia materna y el trabajo. Paradójicamente amamantar es un trabajo, invisibilizado y no valorado, pero un trabajo al fin. La lactancia es política, y como tal, debería ser garantizada por el cuerpo político desde todos sus espacios; pero esto no ocurre.
Los lemas mundiales quedan simples, cuando la sociedad en que vivimos, opera desde lo más profundo en la separación de madres y bebés desde el nacer. Y las realidades hacen que sea muy complejo sostener el deseo de lactar cuando el contexto lo hace cuasi imposible.
Existen obstáculos socioculturales que impiden que se garantice este derecho, perjudicando la salud física y emocional de todas las personas, así como también el presente y el futuro de nuestra humanidad. La falta de políticas públicas que acompañen, la ausencia de lactarios en el ámbito laboral, la desigualdad en las licencias, la falla del sistema sanitario, la exigencia de una productividad constante, la falta de tiempo y de respaldo emocional o económico, son algunos de ellos. Que la lactancia materna sea una realidad es un proceso colectivo.
Pero no nos olvidemos que la lactancia es también vínculo y placer, es gozo. Por eso, es necesario cuestionar también nuestros prejuicios y por, sobre todo, visibilizar los obstáculos que impiden a las madres amamantar y vivir la lactancia de esta manera, y más aún, el hacerlo posible en la compatibilidad de la esfera laboral y profesional.
La lactancia materna es alimento para la humanidad, ya que es el alimento biológico que prepara la raza humana para sí misma. Desde la biología y desde lo fisiológico, el cuerpo prepara un alimento con una composición única, un alimento vivo que defiende a ese bebé que acaba de nacer, que lo protege y que lo nutre. No solo desde sus requerimientos y necesidades físicas, psíquicas, sino también a nivel emocional y vincular, la lactancia prepara las bases para ese vínculo de apego que tiene que darse para que un bebé pueda tener un adulto que lo cuida, que lo protege, que lo interpela.
Sin embargo, es importante destacar que no se trata de una obligación, sino más bien de una decisión, y también un derecho. Y como tales, los derechos deben ser garantizados por los gobernantes, y por la sociedad toda.
En ese sentido, las políticas públicas no están a la altura de la lactancia para verdaderamente promoverla y garantizarla como derecho para todas las personas. Por ejemplo, las puericultoras que son las profesionales idóneas para acompañar las lactancias no tienen su ejercicio profesional reglamentado. Entonces, esto obstaculiza el acceso a un servicio de puericultura; es decir, hace que sea una cuestión más de élite que una garantía para todas las mujeres.
Las políticas públicas tampoco acompañan en relación a los espacios de lactancia, a las licencias especialmente de maternidad y de paternidad porque una lactancia no se construye solo con una licencia de la madre, sino que debería repensarse toda la dinámica de las reglamentaciones del trabajo para que esta pudiese ser una prioridad a la hora de repensar las licencias.
Esta desigualdad en las licencias, está vinculada con la actual exigencia de la productividad, la falta de tiempo, la presión que impera desde los espacios laborales para que las madres vuelvan a sus trabajos como si nada hubiese pasado… Entonces desde los espacios laborales, desde las leyes vinculadas a los contratos de trabajo, no hay una garantía de derecho en relación a la lactancia. No se la prioriza. La norma debiera formarse sobre la base de que todos los bebés pudiesen ser amamantados, y desde esa idea elemental deberían desencadenarse las políticas laborales que ayuden a las mujeres a compatibilizar su esfera laboral con su rol de madre, pero en especial de madre lactante, un espacio que pueda promover que verdaderamente se lleve a cabo la lactancia durante el primer año de vida.
Por otro lado, cuando decimos que falla el sistema sanitario, ya que son escasos los profesionales de la salud que están formados en lactancia materna. Los que están formados lo hacen por motus propio. No hay una bajada desde el sistema de salud, más allá de algo discursivo en relación a la promoción de la lactancia. Pero no hay efectivamente políticas sanitarias, incluso en las instituciones sanitarias, que garanticen la lactancia. Muchas veces, en muchísimas instituciones, un bebé recibe un biberón por una enfermera, indicado por un pediatra, por un neonatólogo, por una ginecóloga. Los profesionales de la salud, muchas veces, no están a la altura de poder garantizar, promover y cuidar la lactancia materna, e incluso, muchas veces, la obstaculizan.
Al no saber de lactancia materna, al no interiorizarse en la lactancia como un hecho social, y vincular, como un hecho propio de la sexualidad de las madres y sus crías, entonces esto impide que exista el respaldo emocional que la madre merece en un momento tan sensible. La falta de concientización sobre el puerperio, sobre este momento de vulnerabilidad emocional que vive una madre, también hace y se reproduce en la falta de apoyo a la lactancia materna, porque tampoco se habla del puerperio de la promoción de la salud mental materna como debería ser y verdaderamente todo está vinculado.
Para que una mujer-madre que trabaja, “también” de forma remunerada, pueda sostener su lactancia desde el deseo y en compatibilidad con su trabajo fuera del hogar, se necesitan estructuras que hoy no están dadas, porque no convienen, porque tienen que ver con desmoronar el sistema patriarcal del que todos formamos parte. Estas estructuras involucran un cambio profundo a nivel político, económico, social y cultural… Un cambio que implica sumar garantías de derechos a espacios que históricamente son invisibilizados: las madres y las infancias.
Puericultora.




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