5 de julio 2007 - 00:00

Liberaron a algunos rehenes, pero sigue la tensión en Tribunales

El delincuente muestra a una de sus rehénes por la ventana, mientras la apunta con un arma (Imagen Crónica TV).
El delincuente muestra a una de sus rehénes por la ventana, mientras la apunta con un arma (Imagen Crónica TV).
Una dramática toma de rehenes con cerca de una decena de víctimas se desarrollaba esta noche en un prostíbulo del centro porteño y tras más de 9 horas de tensión, al menos tres personas fueron liberadas sanas y salvas.

El juez Juan Ramos Padilla aseguró que la toma de rehenes se encontraba "bajo control" y deslizó la posibilidad de que el hecho refiriera a un "conflicto pasional", aunque rehusó a dar más detalles.

La toma se inició alrededor de las 14:00 en un edificio ubicado en Montevideo 497, cerca del Palacio de Tribunales, donde además del prostíbulo funcionan varias oficinas y, de acuerdo con las primeras informaciones las víctimas eran nueve mujeres y dos hombres.

El jefe de prensa de la Policía Federal, Daniel Rodríguez, aseguró a la agencia Noticias Argentinas que tres personas que permanecían cautivas fueron liberadas, al tiempo que remarcó que "se encuentran en buen estado".

Tras finalizar su calvario, las víctimas fueron asistidas por personal del SAME en el lugar.

Rodríguez consideró que la negociación con los delincuentes "está estancada" como consecuencia de que los sujetos "están un poco nerviosos".

El jefe de prensa de la Policía Federal dijo que la actitud de los delincuentes "obstaculiza el diálogo".

No obstante, señaló que la resolución del conflicto "estaría por caer" y destacó la labor en el lugar por parte del negociador quien "está trabajndo muy bien", según Rodríguez.

Cerca de las 20:00, quince personas que se encontraban dentro del edificio donde se desarrolla la dramática toma de rehenes salieron del lugar custodiados por la policía y fueron atendidos por personal médico, según lo destacó a NA el titular del SAME, Alberto Crecenti.

La toma de rehenes desembocó en un impresionante operativo de seguridad, que incluyó fuerzas de elite, evacuación de edificios, francotiradores y cortes de calles céntricas.

A la natural tensión y nerviosismo que causa cualquier toma de rehenes, en este caso se sumó el hecho de que ocurriera en la zona más concurrida de la Capital Federal y en un horario en que sus veredas son un verdadero "hervidero".

Al frente de las negociaciones se pusieron los especialistas del Grupo Especial de Operaciones Federales (GEOF) y el juez Juan María Ramos Padilla, que intervino en el caso,

Las primeras informaciones indicaban que los delincuentes, de 18 y 30 años, respectivamente, llegaron al edificio de Montevideo 497 luego de cometer un asalto contra una financiera de la zona, aunque otra versión indicó que se refugiaron en el prostíbulo al ver frustrados sus planes delictivos.

Voceros policiales confirmaron que los dos protagonistas de la toma de rehenes se movilizaban en una moto y un tercer cómplice en un segundo rodado, y venían siendo perseguidos por personal policial también motorizado, cuando ingresaron al edificio.

Lo cierto es que, apenas pasadas las 12:00, los dos sujetos irrumpieron armados en la "casa de citas" que funciona en el tercer piso del inmueble y amenazaron con sus armas a las chicas que allí trabajan.

Fue entonces que comenzó la toma de rehenes: "Escuchamos gritos y un hombre exigía que le llevaran un fiscal y a los medios de comunicación", describió en declaraciones periodísticas Cecilia, una mujer que trabaja en la financiera ubicada en el piso superior.

Cuando finalmente las cámaras de los canales llegaron al lugar, uno de los delincuentes se asomó por una de las ventanas mientras apuntaba a la cabeza a una de las rehenes, y volvió a clamar sus exigencias.

Allí pudo verse en las pantallas de televisión que el hombre tenia en sus manos un arma larga y luego se supo que, según le dijo el propio delincuente a los negociadores policiales, también portaba una granada.

Alrededor de las 14:45, la policía comenzó a desplegar un operativo de seguridad de magnitudes poco usuales: numerosos efectivos del Grupo Especial de Operaciones Federales (GEOF), francotiradores en las terrazas vecinas y todas las calles de los alrededores valladas.

Los accesos cortados sobre las calles Montevideo y Lavalle provocaron el previsible caos de tránsito en una zona habitualmente muy transitada e hicieron colapsar la circulación de autos en las avenidas Corrientes y Callao durante toda la tarde.

Una vez que se terminó de acordonar la zona y de tomar posiciones en los alrededores del edificio, la policía ordenó la evacuación de las oficinas de los inmuebles cercanos al lugar de los hechos.

Luego, llegó el turno de los negociadores especializados, que iniciaron su paciente trabajo de convencimiento con los dos malvivientes.

El primer "gesto de buena voluntad" de los negociadores fue enviarle a los sujetos pizzas y gaseosas, que bajaron hasta el tercer piso del edificio mediante un curioso sistema de poleas con sábanas anudadas, tal como se ve en las películas.

Horas más tarde, y mientras las negociaciones avanzaban con gran lentitud, las mismas sábanas anudadas y un balde rojo en su extremo fueron utilizadas para alcanzarles cigarrillos a los delincuentes.

Toda la negociación fue desarrollada con hermetismo, sin que los detalles de las conversaciones entre los dos delincuentes y la policía trascendieran al periodismo.

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